Con un Ghostface brutal y algunas muertes muy creativas, esta séptima película da pie a una nueva etapa en la saga
Si son fans de Scream, o al menos siguen las noticias de la industria cinematográfica, está por demás explicar la polémica en torno a esta película. A más de dos años, la ausencia de Melissa Barrera y Jenna Ortega sigue pesando para algunos fans, quienes consideran que ambas actrices le dieron un aire nuevo (y muy necesario) a la saga. Contra todo pronóstico, Scream 7 llega como una película dispuesta a demostrar que tanto Sidney como Neve Campbell aún tienen lo suficiente para seguir en el rol protagónico. ¿Estamos ante una sólida adición a la longeva saga?
Scream 7 se sitúa tiempo después de los ataques ocurridos en Nueva York (Scream 6). Cuando un nuevo asesino Ghostface aparece en el tranquilo pueblo donde Sidney Prescott ha construido una nueva vida, sus peores miedos se hacen realidad al ver que su hija Tatum es el siguiente objetivo. Decidida a proteger a su familia, Sidney debe enfrentarse a los horrores de su pasado para poner fin a la masacre de una vez por todas.
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De vuelta a los orígenes
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Si algo se reconoce desde los primeros minutos es la mano de Kevin Williamson. El guionista (y también director) ayudó a sentar las bases para la saga, y eso se nota en la forma que utiliza la nostalgia. No sólo volvemos a la casa de Stu Macher para la sangrienta secuencia inicial, sino que el amado villano juega un rol importante para esta nueva etapa de Sidney. No daremos spoilers, pero si llevan años cuestionando qué pasó realmente con el personaje de Mathew Lillard, por fin encontrarán la respuesta definitiva.
Williamson también se divierte devolviendo a Sidney esa fuerza que la caracterizó en sus primeras películas. Ahora es madre, esposa y dueña de una cafetería, pero no deja de ser esa mujer que tiene maletas de seguridad preparadas, e incluso algunos pasadizos secretos en su propia casa.
El guion (coescrito por Guy Busick) no es precisamente material de un Oscar, pero le saca provecho a Sidney y da a los fans justo lo que esperan de ella. Puede que algunas decisiones sobre Ghostface o el regreso de algunos personajes no sean del agrado de muchos, pero si algo se reconoce es la ambición de intentar algo novedoso para la franquicia.
La sangre fresca de Scream 7
Tanto físicamente como a nivel actoral, los años no pasan por Neve Campbell. La “final girl” de esta saga saca adelante sus diálogos, e incluso podríamos decir que hace uno de sus mejores trabajos en mucho tiempo. De mucho ayuda la etapa que vive Sidney, y también que la trama le da un nivel de protagonismo muy necesario.
Lo mismo sucede con Courteney Cox, quien vuelve como una Gale más madura y severamente marcada por los crímenes del pasado. La química entre ambas es tan natural como siempre, y hay ciertos atisbos de una evolución en su amistad dentro de la pantalla.
Isabel May como Tatum es, sin duda, la adición más grande, y por suerte no desentona. Cierto es que aún no alcanza el magnetismo de Campbell en la primera Scream, pero si Kevin Williamson decide convertirla en su nueva protagonista, podríamos tener un personaje llamativo. Lógicamente, un elenco juvenil la acompaña, pero no todos tienen el mismo nivel de aprovechamiento.
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Destacan McKenna Grace (aun con su poco tiempo en pantalla), Celeste O’Connor y Asa Germann, quienes dan vida a tres amigos de Tatum con personalidades bien definidas. Ojalá pudiéramos decir lo mismo de Anna Camp, David Arquette y Scott Foley (estos últimos, viejos conocidos por los fans). Estos no hacen un mal trabajo, pero tampoco recibieron una gran oportunidad de brillar.
¿El Ghostface más brutal?
Técnicamente, Scream 7 cumple con algunas ejecuciones bastante creativas y secuencias de persecución que sí incrementan la tensión. Puede que no tengamos una escena tan impactante como la de la escalera (en la película previa), pero sí hay momentos donde la amenaza de Ghostface es latente y los jumpscares son efectivos. Si son amantes del gore, tampoco resultarán decepcionados: un par de muertes (como aquella que involucra a cierta hada) llevan la sangre al extremo sin caer en un exceso o en lo gratuito.
Así llegamos a 30 años de Scream, con una séptima entrega que aun cuando no está entre las mejores de la franquicia (nada como las primeras dos), tiene todos los elementos necesarios para casi dos horas de misterio, tensión y hasta sustos. Nadie puede negar que Neve Campbell ama a Sidney Prescott, y eso se nota en cada una de sus escenas, por lo que su regreso (dejando de lado las polémicas) funciona para lo aquí contado.
Sólo el tiempo (y la taquilla) dirán si un nuevo demente se pondrá la máscara de Ghostface. Y aunque hay varios elementos por mejorar, seguro el equipo retomará la fórmula correcta. Al final, fue el mismo Kevin Williamson quien convirtió Scream en la película de terror favorita por muchos.
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