Un pequeño paso para los Warren y un gran paso para su historia.
Es oficial: Ed y Lorraine Warren regresan a la pantalla grande para enfrentar la investigación más aterradora de sus vidas… y la última. El conjuro 4: Últimos ritos llega esta semana a los cines como el gran cierre de una franquicia que ya es leyenda del terror moderno. Sangrienta, despiadada y, al mismo tiempo, sorprendentemente humana, esta entrega se perfila como una de las favoritas de los fans. ¿Quieres descubrir qué la hace tan especial? Aquí te contamos todo en nuestra reseña.
Es casi surreal aceptar que el universo de El conjuro llega a su fin. Hace ya 12 años, James Wan nos presentó por primera vez la historia de los Warren en la pantalla grande. Lo que parecía una simple película de terror pronto se convirtió en una fórmula que redefinió el género: sustos precisos, tensión que no te suelta y un suspenso que supo entretener tanto como aterrar. Desde entonces, lo paranormal dejó de ser un rincón oscuro y se transformó en una experiencia masiva, comercial y enigmática que conquistó a millones de espectadores.
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¿De qué trata la película?
A lo largo de más de una década, El conjuro supo evolucionar entre aciertos y tropiezos hasta construir un viaje único que mantuvo al mundo al filo del asiento. Exorcismos, persecuciones y un suspenso implacable hicieron de la saga algo más que simples películas de terror: un fenómeno que mezcla lo macabro con lo humano. Ahora, con Últimos ritos, el director Michael Chaves (La monja 2, El conjuro 3) toma todo lo aprendido para entregar la investigación más grande —y quizá más devastadora— de los Warren.
La historia nos transporta a 1986, donde Ed y Lorraine Warren se enfrentan a uno de los últimos y más personales casos de su carrera. Tras tres décadas dedicadas a cazar demonios, la pareja —ahora acompañada por su hija Judy— deberá enfrentar a una entidad con la que guardan un oscuro pasado. Los Smurl, junto con el novio de Judy, serán testigos de un viaje paranormal que no solo pondrá en riesgo sus vidas, sino también el legado de los Warren en la eterna batalla contra el mal.
Una historia sólida y genuina
Lo primero que hay que decir de Últimos ritos es que, fiel al espíritu de la saga, sabe aprovechar al máximo su propósito para entregarnos una experiencia clara y atrevida. Como cierre de El conjuro, la cinta no teme arriesgarse ni apartarse del molde: es entretenida, sorprendentemente graciosa, por momentos absurda… y, como no podía faltar, escalofriantemente aterradora.
La cuarta entrega brilla, ante todo, por la historia que elige para despedirse. No estamos frente a un simple caso más de lo paranormal, sino ante un adiós íntimo y contundente: el momento en que la pareja que nos enseñó a mirar lo demoníaco con otros ojos presencia también el derrumbe de su propio hogar.
Ahora, con un guion firmado por David Leslie Johnson e Ian B. Goldberg, la saga se adentra en un viaje mucho más íntimo, familiar y profundo para sus protagonistas. Un relato que no solo busca aterrar, sino también revelar las grietas, miedos y la unión que definen a los Warren en su despedida.
En medio de la cacería de espíritus, la película nos muestra a los Warren como nunca antes: leales, vulnerables y sorprendentemente cariñosos. Un recurso narrativo que, aunque algunos fans del terror podrían considerar innecesario, aporta una tridimensionalidad inesperada a los personajes que hemos seguido por más de una década. Y, al mismo tiempo, los vuelve mucho más fascinantes cuando se enfrentan cara a cara con la propia muerte.
El futuro que reinventó los sustos
La dinámica entre Judy y Tony, la hija de los Warren y su novio, le aporta a la historia un toque fresco y cómico, donde los sustos y la investigación se sienten más cercanos y modernos. Su energía contrasta con la calma y experiencia de Ed y Lorraine, ofreciendo un vistazo a un futuro que, de manera natural, promete enriquecer aún más este universo paranormal.
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No podemos dejar de aplaudir la actuación de Mia Tomlinson como Judy Warren. Su personaje, joven, testarudo e inexperto, está dispuesto a todo por continuar con la misión que presenció en su infancia. Esta determinación la lleva a enfrentarse a situaciones surreales, intensas y llenas de tensión, que nos hacen sentir como si fuéramos parte del caso. Además, la naturalidad y sencillez hipnótica de Tomlinson otorga un realismo impresionante a cada susto, haciendo que su presencia en pantalla sea imposible de ignorar.
Entre sangre, vestidos de novia, maquillajes del inframundo e incluso su primer enamoramiento, Tomlinson se atreve a todo en El conjuro 4. Con ello, logra sostener con fuerza y dignidad el legado de los Warren, un papel que, según las dos estrellas de la saga, le tomó un par de años prepararse para interpretar plenamente.
Los Warren dicen adiós entrañablemente
Ni Patrick Wilson ni Vera Farmiga quedan fuera de esta mezcla. Los vemos en momentos más tranquilos y serios, adoptando a veces un rol casi voyerista, pero eso no significa que hayan perdido la chispa que combina suspenso y romance, manteniéndolos tan magnéticos y esenciales como siempre en la saga.
Como es habitual, la química entre ambos actores se mantiene sólida y evidente. Aunque su tiempo en pantalla es menor, los investigadores tienen la oportunidad de mostrarse desde nuevas facetas: más preocupados, a veces desconectados de lo paranormal e incluso vulnerables. Aun así, esa conexión única que los unió desde la primera entrega en 2013 sigue intacta, recordándonos por qué se volvieron inolvidables.
Otro gran acierto de la película es la inclusión de cameos y personajes secundarios que, aunque ya los conocimos en entregas anteriores, hoy tienen la oportunidad de cerrar sus historias de manera firme y significativa. No solo volvemos a ver al Padre Gordon (Steve Coulter) con un rol más protagónico, sino que también presenciamos el regreso de viejos personajes de la franquicia y la aparición de algunos creativos detrás de cada historia. Ninguno de estos cameos se siente fuera de lugar o forzado; todos tienen el tiempo justo para deleitar a los fans más acérrimos de la saga.
El ritmo del nuevo caso de los Warren se mantiene firme y constante. La película arranca con una historia breve pero clara, que sabe cómo fluir para atrapar al público desde el primer momento. Entre recuerdos del pasado, el presente de los Warren y las primeras confrontaciones de los Smurl con lo paranormal, se despliega un lenguaje visual ágil y atractivo. En cada escena surge algo nuevo e importante: si no nos conmueven más Ed y Lorraine, nos preocupa profundamente la suerte de la nueva familia maldita. Todo esto funciona gracias a una edición precisa y a una narración que logra mantenernos inmersos de principio a fin.
Probablemente, los puntos más débiles de Últimos ritos sean algunos de sus efectos visuales y ciertas ambiciones narrativas. Aunque la película busca ser aterradora y profunda, en ocasiones se perciben pequeños desbalances en la historia. Hay momentos que se sienten más predecibles de lo esperado o incluso innecesarios, fruto del intento de profundizar en tramas secundarias que no siempre logran impactar como se esperaba.
En cuanto al aspecto estético, aunque la mayoría de los efectos prácticos funcionan de manera impecable, algunas escenas —como ciertas muñecas o persecuciones— pierden fuerza debido a la falta de detalle en su construcción visual.
No, El conjuro 4: Últimos ritos no es perfecta y seguro que no será la favorita de todos —porque, seamos honestos, el gusto por el terror es muy personal—, pero llega para abrir nuevas puertas y cerrar cabos sueltos que ni sabías que estaban ahí. Como gran final de una historia llena de historias, es entrañable, versátil y bastante completa. Te hará reír, llorar, recordar esos primeros sustos con Annabelle… y quién sabe, hasta emocionarte pensando en qué nuevos horrores (o aventuras) podría traernos la saga si decide seguir con nosotros.
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