¿El exorcista la nueva película (no) navideña? | Paloma & Nacho

¡Hasta siempre, Duro de matar! El exorcista exige ser la nueva película (no) navideña por excelencia

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Luis Miguel Cruz explora el por qué El exorcista es la nueva película (no) navideña ideal para ver en época decembrina.

Duro de matar (Moore, Wiseman, McTiernan y Harlin, 1988) siempre ha sido uno de los grandes clásicos cinematográficos de su tiempos. En los últimos años se ha posicionado también como un referente de la temporada navideña. Es común que la gente comparta en redes sus opiniones positivas en torno a un debate que inició hace un tiempo, sus visionados decembrinos y la manera en que reciben el día 25 con Hans Gruber (Alan Rickman) cayendo del Nakatomi Plaza. Mención especial para esas esferas que muestran a John McClane (Bruce Willis) circulando heroicamente por los ductos de ventilación del inmueble. El posicionamiento está ahí. Nadie podrá erradicarlo. Por eso, quizá, sea tiempo de mirar a otro lado en busca de una nueva película navideña no del todo navideña. Nuestra propuesta: la película El exorcista (William Friedkin, 1973).

Cada año surgen títulos que intentan hacerse con esta codiciada plaza en nuestras pantallas y nuestros corazones. La lista suele incluir opciones diversas. Como Arma mortal (Richard Donner, 1987), Batman regresa (Tim Burton, 1992), Chicas pesadas (Mark Waters, 2004), Gremlins (Joe Dante), Harry Potter (Chris Columbus, 2001), Iron Man 3 (Shane Black, 2013), Memoria explosiva (Renny Harlin, 1996) y Rent (Chris Columbus, 2005).

Algunas de estas propuestas son tan obvias que la conexión carece de encanto. Otras se desarrollan en entornos tan soleados que entorpecen el vínculo. El festejo tiene una presencia demasiado mínima en unas. En ocasiones, incluso compartido con Halloween. Algunas más no cuentan con gran popularidad entre las audiencias contemporáneas. Sea como sea, ninguna ha podido afianzarse de todo en el imaginario decembrino. Lo admitimos, el filme dirigido por William Firedkin no suele figurar entre los candidatos a la plaza. Esto no significa que no merezca la oportunidad.

Lo que hace a El exorcista una película navideña

el exorcista regan levitando

Por años, las audiencias han debatido sobre si El exorcista se desarrolla en la temporada navideña. A diferencia de los evidentes decorados vistos en Duro de matar, la obra no muestra árboles ni coronas de ningún tipo. Mucho menos encuentros festivos entre los personajes centrales. La única referencia apenas puede ser vista por los ojos más agudos y consiste en un sutil mensaje navideño que aparece fugazmente en un edificio.

Ni siquiera fue deliberado, sino consecuencia de que el rodaje se llevara a cabo en las mencionadas fechas. Más que suficiente para que algunos ubiquen la historia en esta época del año. Sobre decir que, a diferencia de la anteriormente mencionada cinta de acción —cuyo guionista confirmó todas las sospechas—, ningún miembro de la terrorífica producción ha hecho lo propio en este caso. En realidad, casi todos los argumentos se apoyan en puntos debatibles como las abrigadoras prendas usadas por los personajes. Y una mención al Halloween que, aunada a la temporalidad de diez a doce semanas de la novela original, nos deja en los días posteriores al año nuevo.

Lo navideño de la película no se encuentra realmente en la trama. Mucho menos en el diseño de producción, sino en una decisión clave por parte de la producción: su fecha de estreno. El exorcista llegó a las salas el 26 de diciembre de 1973, es decir, sólo un día después de Navidad. De inicio, esto hace que su visionado para las fiestas del 2023 tenga un carácter casi obligatorio para los amantes del cine alrededor del mundo. La obra se dispone a conmemorar su 50° aniversario este año. Medio siglo impactando a las audiencias y afianzándose cada vez más como el mayor referente del terror de todos los tiempos. Pero, ¿realmente merece esta etiqueta? Ya llegaremos a esto. 

Blasfema Navidad

Escena de las escaleras The Exorcist

El estreno original de El exorcista nunca fue contemplado para el día en cuestión, pero el rodaje padeció distintos incidentes que fueron postergando su apertura. Hasta que prácticamente la hicieron coincidir con Navidad. Es común escuchar que esto no fue más que una excusa de Warner para justificar una fecha envidiable en su carácter estratégico. Dejaba una ventana vacacional de una semana para el Año Nuevo, mientras que la inminente polémica prometía dejar mucha publicidad gratuita.

Si la apertura no se adelantó para aprovechar el 25 de diciembre fue porque el 26 cayó miércoles. Que, por aquel entonces, era el día de los estrenos en salas y los cambios de este tipo no eran algo común. Más sonado es el rumor que señala que los altos mandos del estudio temieron que el arriesgado movimiento en la calendarización se tornara contraproducente. No por tratarse de un martes, sino porque coincidir con la Navidad podía herir demasiadas sensibilidades.

Esto último es importante. A pesar de haberse estrenado el 26 de diciembre, varios sectores de la sociedad argumentaron que la elección era una provocación y una irreverencia. Los más extremos incluso dijeron que era una película blasfema que aprovechaba los días más sagrados del año para propagar la palabra del maligno. Estos alegatos son comprensibles dada la naturaleza del filme, pero también por las sensaciones de desesperanza de su época. 

El contexto en el que se estrenó una película como El exorcista

Linda Blair poseída

Sucesos como la Guerra Fría y Vietnam, así como las crecientes olas de racismo, intolerancia y violencia al interior de la Unión Americana impactaron directamente en el sistema de creencias de EE.UU. La Iglesia Satánica, comandada por Anton LaVey, cobró fuerza en estos tiempos. Las sectas fueron en aumento, con la llamada “familia” de Charles Manson convirtiéndose en la más temida de todas con el paso del tiempo. Los presuntos casos de fantasmas, aparecidos —especialmente de posesiones— se dispararon. Lo que contribuyó a proliferación de especialistas como los demonólogos Ed y Lorraine Warren, cuya veracidad sigue generando discusiones hasta nuestros días. 

Todo esto se manifestó en un cine de terror que se posicionaba cada vez con más fuerza como un trágico reflejo del mundo. Una transición que no estuvo exenta de polémica, como unos años antes se vio con El bebé de Rosemary (Roman Polanski, 1969), clasificada por la Oficina Nacional Católica para Películas (NCOMP) como una obra condenada por su trama eminentemente satánica. Su leyenda negra se disparó un año después de su estreno con el asesinato de Sharon Tate, esposa del director Roman Polanski, para algunos en una consecuencia directa de la trama. No es el caso de El exorcista, que deambula por la más temible oscuridad con el único fin de invitar a su público a la luz.

El exorcista: una película obligada para las navidades

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El cine ha aprovechado cada oportunidad para recordar que la Navidad es una época de paz espiritual y amor al prójimo, pero también para exaltar la importancia de creer. Así lo hemos visto en las películas más luminosas como Milagro en la calle 34 (Les Mayfield, 1995) o El elfo (Jon Favreau, 2003), pero también en las más perturbadoras como Krampus.

Si de esta última se trata, imposible olvidar cuando la anciana Omi comparte que la entidad titular “no me llevó esa noche. Me dejó, como un recordatorio de lo que pasa cuando la esperanza se pierde, la creencia se olvida y el espíritu navideño muere”.

Curiosamente, estos mensajes son muy similares a los de El exorcista, ya que la novela original y la adaptación nunca fueron concebidas como historias de terror, sino de fe. Así lo aseguró el autor William Peter Blatty tras reconocer que la obra fue una vía para reforzar sus creencias mermadas tras el deceso de su madre.

Un periodo en el que “describía mi fe como una mera esperanza en lugar de una ideología sólida. Intentaba hacer un trabajo casi apostólico, ayudar a otros con su propia fe”.

El director William Friedkin siempre fue cauteloso de que esta mentalidad se apreciara en la pantalla y así lo demostró al asegurar lo siguiente sobre el filme:

“Es primordialmente sobre el misterio de la fe, el misterio de la bondad, ese misterio que es inexplicable, pero que está ahí”.

Formas de ver la vida y el arte que resultan imprescindibles para el mundo

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El mundo, según numerosas encuestas, va a peor con cada día que pasa, y que como ya sucedió en los 70, registra cada vez más reportes de presuntas posesiones. Las cifras son tan elevadas que algunos países han reportado casos de exorcistas que operan de manera independiente y al margen de la iglesia; el Vaticano, por su parte, ha celebrado cursos de preparación para que los sacerdotes sepan diferenciar entre el maligno y el miedo a la existencia misma. Con estas bases, a nadie debería sorprender que el denominado terror religioso cobre cada vez más fuerza. Los ejemplos por excelencia son El conjuro (Michael Chaves y James Wan 2012-2021) y El legado del diablo (Ari Aster, 2018) que han mostrado distintas caras de la lucha entre el bien y el mal, aunque ninguno con la destreza de El exorcista

“El objetivo del demonio no es el poseso, sino nosotros”, asegura el Padre Merrin interpretado por Max von Sydow. “Y creo que lo que quiere es que nos desesperemos, que rechacemos nuestra propia humanidad, que nos veamos a la larga como bestias, como esencialmente viles e inmundos, sin nobleza, horribles, indignos. Y tal vez ahí esté el centro de todo: en la indignidad. Porque yo pienso que el creer en Dios no tiene nada que ver con la razón, sino que en última instancia, es una cuestión de amor”.

¿Es El exorcista una película navideña? No tenemos la certeza de que sea la mejor manera de describir esta obra maestra de la cinematografía mundial, pero sí podemos asegurar sin temor a equivocarnos de que es una cinta perfecta para ver en temporada decembrina. Cumple medio siglo y, hoy más que nunca, el 26 de diciembre luce como un gran día para un exorcismo.

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Autor

  • Luis Miguel Cruz Lopez

    Periodista y crítico de cine y series. Además de Cinépolis, he trabajado en varios medios mexicanos líderes en contenidos audiovisuales. Cofundador de Radix, primer y único medio especializado en animación iberoamericana.

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