Con solidez y mucho corazón, la nueva película de Kara Zor-El es un pequeño triunfo para una saga que sigue en etapa de construcción
La producción de películas basadas en cómics aumenta cada vez más y sigue en el aire la pregunta de qué es lo que se necesita para hacer un conjunto de este subgénero que destaque entre los demás. Supergirl, la nueva apuesta de DC Studios, no ofrece la respuesta definitiva, pero se acerca bastante, al entregar una protagonista bien construida, una aventura simple y contenida y, sobre todo, firmeza al contar su relato.
Su objetivo no es reinventar lo que se ha hecho, pero sí darle una potente vibra. Con esto, se logra que la historia de Kara Zor-El por fin despegue en la gran pantalla con energía bien canalizada hacia las fortalezas del personaje y su entorno.
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Una Superchica para tiempos modernos
Cuando se decidió aplicar el infalible “borrón y cuenta nueva” para planear las nuevas fases del universo cinematográfico de DC, los CEO James Gunn y Peter Safran dejaron algo claro. Aunque cada proyecto estaría ligado a una narrativa interconectada más amplia, funcionaría por sí solo. Quizá este es el mayor acierto de la cinta.
Sí, tiene cameos de Superman (David Corenswet), además de que se insertan por aquí y allá referencias a lo que se vio en la cinta en solitario del Hombre de Acero estrenada en 2025. Sin embargo, aquí se opta por tomar un camino más anecdótico. La heroína no tiene una misión grandilocuente. Aquí, lo que desencadena la trama es una venganza… que más bien se convierte en rescate.
Todo comienza cuando Kara (Milly Alcock) conoce a Ruthye (Eve Ridley), una niña que le pide ayuda para consumar su venganza contra Krem (Matthias Schoenaerts), un pirata que as*s*nó a su familia a sangre fría. Al principio, la protagonista no acepta formar parte de la cacería, pero accede cuando Krem envenena a Krypto, su adorable perrito. Ahora, para salvarlo, tendrá que encontrar al villano, pues se quedó con el antídoto. ¡John Wick estaría orgulloso!
Las motivaciones, al igual que la estructura general de la aventura, transitan una delgada línea entre lo genérico y lo propositivo, pero al final se inclinan más hacia lo segundo, más que nada porque Craig Gillespie, el director, se centra en la dinámica de la relación entre la heroína y su protegida, con lo que se vuelven más evidentes las capas del interesante y sólido guion de Ana Nogueira, quien plantea una lectura realista para la personalidad rebelde de la estelar sin condenarla o juzgarla, entendiendo que su bondad se encuentra donde no se esperaría.
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Ante todo, caer de pie
Podrá parecer extraño, pero es en este afán por abrazar las áreas grises de los comportamientos, donde la película encuentra su eje, y lo cierto es que no tiene miedo de aplicar el recurso de la neutralidad en otros aspectos, como en la interpretación de Milly Alcock, quien sin duda se divierte al máximo dándole a Kara la actitud de una chica sin rumbo, aunque sabe muy bien cuál es su verdadero propósito.
No es alguien con optimismo desmedido y ojos brillantes, pero tampoco se la vive atormentada por su naturaleza extraterrestre. Vamos, el equilibrio es perfecto. La actriz es una estrella en toda la extensión de la palabra.
También está la ambientación, que se presenta como una encantadora mezcla entre la estética de las óperas espaciales setenteras-ochenteras y varias cintas de acción de la misma época. Todo lo que aparece a cuadro es de una rareza justificada, por lo que, aunque no se puede negar cierta influencia del estilo visual de Gunn, tampoco se puede decir que estamos ante una copia. Si algo está en pantalla es porque, al menos, será estimulante y mantendrá nuestra atención.
Como ejemplo, las imponentes escenas de la destrucción de Argo/Kryptón, en las que hay mucha información visual en pantalla, cortesía del diseño de producción de Neil Lamont, pero el ritmo nunca decae, provocando que el público se involucre con mayor facilidad, gracias a la edición precisa de Tatiana S. Riegel y Fred Raskin.
Esto también se hace presente en el tono narrativo, en el sentido de que, cuando las situaciones se vuelven bastante melosas, llega alguna idea cruda para contrarrestar, y visceversa.
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¿Vale la pena ver Supergirl?
Si bien la base es bastante familiar, el resultado general es bienvenido y satisfactorio al esforzarse por mantener los elementos del rompecabezas en una clave pop con suficiente espectacularidad para ganarse a fans y quienes no lo son tanto. A esto hay que agregar una delicada y atinada revisión del trauma y sus consecuencias, que permite empatizar con la estelar.
Es entretenimiento que no se complica y prioriza lo que funciona sin dejar de lado la escala y calidad.
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