Una película que hace historia
El 2025 fue un año que México no olvidó. El terror y el drama se sintieron más vivos que nunca gracias a las nuevas voces del cine nacional. Una de ellas fueron los Hermanos Ambriz, que tras años de trabajo finalmente presentan su ópera prima: la primera película mexicana en stop motion. Soy Frankelda combina sustos, magia y creatividad, convirtiéndose en un verdadero emblema del cine mexicano. ¿Quieres saber qué la hace tan especial? No te pierdas nuestra reseña completa.
Tabla de contenidos
¿De qué trata Soy Frankelda?
Para quienes no conocen esta historia, hay que aclararlo desde el inicio: Soy Frankelda no es sólo una película más. Es la continuación de la exitosa serie Sustos ocultos de Frankelda, y para Arturo y Roy Ambriz representa su reto más grande hasta ahora.
La película, que funciona como precuela y secuela del primer proyecto, cuenta los orígenes y el futuro de Francisca Imelda, una joven escritora mexicana del siglo XIX con un talento único para el terror. Con el sueño de crear las historias más aterradoras del mundo, se embarca en una aventura surreal junto a un misterioso príncipe demonio, Herneval. Juntos viajan al Plano de los Sustos para equilibrar sus mundos y, al mismo tiempo, convertir a Francisca —también conocida como Frankelda— en la famosa autora que siempre soñó ser.
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Soy Frankelda llega como una brisa de aire fresco: entre su promoción y la personalidad de sus creadores, es imposible no sentirse orgulloso de México.
Pensar que estamos viendo la primera historia en stop motion del país es una emoción que atrapa a cualquiera. Pero más allá de este hito histórico, lo importante es lo que Arturo y Roy Ambriz tienen por contar. Esta es una historia llena de amor y frustración que habita entre la fantasía y el realismo.
¡Frankelda es gigante!
El relato, escrito por los hermanos detrás de Cinema Fantasma, la productora principal del filme, se siente como una proeza que desea sorprender al público. Es grande y creativa. Como una travesía rodeada de miles de personajes aterradores y escenarios virreinales, se llena de un tono tan fantasioso como estético.
Son los “sustos” detallados, los props coloridos y los palacios que parecen sacados de la misma Divina Comedia lo que le dan un toque envolvente y escalofriante. Gran parte de esto se debe a la creatividad de Diego y Sebastián Ramírez, artistas mexicanos que trabajaron junto a los Ambriz para diseñar cada personaje.
Desde el más pequeño susto secundario, como aquel Cocodrilo que desaparece de la existencia, hasta los animales más gigantes, como el barco de Herneval, tienen una imagen tétrica pero atractiva que solo se puede sentir mexicana.
Todo el sentido artístico y visual le da un peso impresionante al mundo de Frankelda. La película se siente como una invitación a lo desconocido, pero, por alguna razón, también es emocionante. Según datos oficiales de Casa Fantasma, se usaron alrededor de 50 sets y más de 200 marionetas para crearla, todo en cerca de tres años. Eso es algo que se refleja en la pantalla. Desde el primer minuto, el terror y la creatividad de nuestra escritora se sienten tan palpables que parece que estás a punto de tocar la puerta a otra dimensión.
¿Una historia sin fin?
Además de su animación, otro elemento que hace que Soy Frankelda se sienta como una verdadera odisea es el constante surgimiento de nuevas situaciones. Mientras conocemos más del Plano de los Sustos, vemos más capas detrás del príncipe y el pesadillero real, y claro, también conocemos más del duelo por triunfar de Frankelda. Cada giro y desafío refuerza la sensación de aventura épica, como un viaje al estilo de Homero.
Soy Frankelda no es una película lineal que va de un “inicio” a un “final”.
Su narrativa es emergente y propositiva, siempre buscando expandir su mundo, ya sea a través de nuevos personajes o lugares clave para la historia.
Es una travesía que absorbe al espectador, desde los orígenes de Francisca y Herneval, su romance, la complejidad del equilibrio entre la Tierra y el Plano de los Sustos, hasta descubrir el verdadero trasfondo del terror en nuestras vidas.
Para muchos, el guion puede sentirse ambicioso y saturado, pero para otros —fans o nuevos en la historia de la escritora— podría ser el inicio de una nueva mitología en la cultura pop, una de esas por las que es fácil enamorarse.
Algo que realmente se aplaude es que, desde lejos, se nota que los Ambriz y su productora no escatimaron esfuerzos para crear un mundo surreal y creíble. Hay múltiples marionetas de Frankelda, decenas de expresiones faciales para cada escena e incluso varios vestuarios pensados para todas las necesidades. Un trabajo minucioso que sin duda aumenta el realismo y el encanto del proyecto.
Más allá de ofrecer un retrato común de México, el guion busca construir una imagen orgánica y minimalista de la cultura nacional, con pequeños pero icónicos guiños a las leyendas y pesadillas que han acompañado a varias generaciones.
El corazón de la cinta
Otro aspecto que destaca es la elección del elenco principal: Mireya Mendoza, Arturo Mercado Jr. y Luis Leonardo Suárez. Soy Frankelda apuesta por talento de primer nivel, listo para darlo todo en cada escena, ya sea en sustos, momentos románticos o canciones pegajosas.
El trío de actores de doblaje, reconocidos en anime, cine y televisión, reinventan sus voces para dar vida a una realidad distinta a lo que conocemos: imponente, emocionante y muy extraño.
Contamos con nuestra aterradora y creativa escritora, cuya calidez y locura innata se sienten vivas gracias al trabajo de Mireya. Procustes y Herneval aportan misterio y oscuridad, dando profundidad a sus escenas. Más allá de las marionetas y los colores de los escenarios, sus voces llenan de energía la película y hacen que cada momento cobre sentido.
En especial, brilla Mendoza. La actriz no sólo aporta una voz dulce y empática a Frankelda, sino que también ofrece uno de sus mejores trabajos, interpretando un personaje extremadamente volátil que pasa de altos rangos vocales a emociones íntimas y profundas.
El mensaje final que los Ambriz transmiten con su historia es, probablemente, lo más destacado de la película. Soy Frankelda no solo continúa su historia ni hace historia en la animación mexicana, sino que ofrece una travesía poética y aterradora que explora el propósito de la vida a través de la perseverancia.
Los Ambriz buscan mostrar que, aquí y en nuestras pesadillas, existe un mundo por conquistar y amar, y que eso solo se vuelve real a través de nuestras propias acciones. Su película, divertida, aterradora y hasta inesperada, es algo que no te puedes perder si eres fan del terror o de la animación.
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