La película con Timothée Chalamet llega para reafirmar el enorme talento de su protagonista
Luego de convertirse en Bob Dylan para Un completo desconocido, Timothée Chalamet está de regreso con la que muchos críticos (e incluso el mismo) consideran su mejor película hasta la fecha: Marty Supremo. El neoyorquino de 30 años está decidido a ganar su ansiado Oscar, y para ello se metió en la piel de Marty Reisman, un jugador de tenis de mesa que desafió todas las probabilidades y demostró cómo los sueños se pueden hacer realidad. Su historia real dio pie a Marty Supremo, y aunque la película de Josh Safdie tiene numerosos elementos de ficción, no deja de lado la inspiración y el ejemplo de aquel hombre.
De acuerdo con la sinopsis oficial, Marty Supremo se sitúa en el mundo del tenis de mesa y sigue a Marty Mauser, un joven soñador decidido a ganarse el respeto en un deporte que nadie toma en serio. Inspirada en el espíritu del legendario jugador de ping-pong, la película narra el descenso de Marty hacia la obsesión, las apuestas y la redención, mientras arriesga todo para transformar su improbable pasión en grandeza.
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Comienza la leyenda
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El Marty de la vida real no lleva por apellido Mauser, sino Reisman. Nació en 1930 dentro de Manhattan, Nueva York, en una época donde el tenis de mesa (o ping-pong) se jugaba en salones recreativos un tanto oscuros. Desde muy pequeño, Marty se dio cuenta de que tenía un talento natural extraordinario. No era el típico deportista serio; era un chico con mucho talento que aprendió a jugar en los clubes de la calle 54, donde se mezclaban apostadores, personajes de la noche y los mejores jugadores de la ciudad.
A diferencia de otros jugadores, Marty veía el ping-pong como un arte y un negocio. Se hizo famoso por jugar con una raqueta de madera cubierta de caucho fino (conocida como raqueta de “hardbat”), lo que requería una precisión inmensa.
Ganó su primer gran título a los 17 años y llegó a ser tres veces campeón nacional de Estados Unidos y triunfar en más de 20 títulos internacionales. Lo que lo hacía especial era su apariencia: siempre vestía elegante, con sombreros fedora y camisas impecables, comportándose más como una estrella de rock que como un atleta convencional.
Su carrera sufrió un golpe inesperado en los años 50 cuando apareció la “esponja” en las raquetas. Esta nueva tecnología hacía que la pelota viajara mucho más rápido y con efectos imposibles de controlar con el estilo clásico de Marty. Él odiaba este cambio, diciendo que le quitaba la elegancia y la estrategia al juego. Aunque esto lo alejó de los primeros puestos mundiales por un tiempo, nunca dejó de jugar. Se dedicó a hacer exhibiciones por todo el mundo, incluso abriendo su propio club en Nueva York, convirtiéndose en una figura de culto.
Más allá del ping-pong
Marty Reisman llevó su fama a niveles curiosos: llegó a abrir shows para bandas de jazz y a jugar partidas de exhibición contra grandes figuras. Incluso en su vejez, seguía siendo increíblemente rápido y competitivo; de hecho, ganó el campeonato nacional de “hardbat” a los 67 años, demostrando que su técnica era eterna. Se mantuvo activo y con su personalidad tan conocida hasta el final de sus días. Falleció en diciembre de 2012, a los 82 años, por complicaciones cardíacas y pulmonares.
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Hoy en día, figuras como el diseñador Paul Smith y directores de cine lo ven como el símbolo máximo de lo que significa tener “estilo” bajo presión. Sobre la oportunidad de interpretar este personaje, y lo que representa en esta etapa de su carrera, esto dijo Timothée Chalamet a BBC.
“Me propusieron este proyecto en 2018. Así que básicamente tuve seis o siete años para prepararme intermitentemente. En mi tiempo libre, entrenaba lo máximo posible. Creo que la responsabilidad en esta película, como en la de Bob Dylan, si eras fan de Dylan o guitarrista, es asegurarte de que eso te parezca real en la pantalla. De igual manera, si eres aficionado al ping-pong, que te parezca creíble. Cuando tienes veintipocos, eres un idiota. Y esta película, en gran parte, trata sobre ser un idiota a los veinte. Y si además de eso, tienes una pasión que te apasiona, te arriesgas a parecer tonto, además de idiota”.
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