En esta adorable comedia, las cosas no salen como se esperaría, y eso la vuelve refrescante
El cine para toda la familia ha evolucionado mucho a lo largo de los años, y siempre es interesante ver cómo se adaptan las nuevas tendencias del entretenimiento a un formato que pueda fascinar a chicos y grandes. Esto pasa con la película Las ovejas detectives, que llena de comedia las fórmulas más extravagantes del subgénero del misterio, pero además conmueve por la manera en la que explora el duelo y la pérdida. Sí, es una mezcla poco común, pero que atrapa desde el inicio.
Digo que es poco común porque, aunque las propuestas híbridas ganan cada vez más terreno, no hay muchas que con tanta seguridad le comuniquen al espectador algo que se siente como un: “Esto es lo que hay. Suena raro, ¿verdad? Ven a ver cómo se desarrolla en la pantalla grande”.
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Apostando por la ternura
Si algo me sorprendió de la cinta es que, aunque sí se reconoce varias veces que la propuesta no es usual, tampoco es que la narrativa dependa mucho de esa particularidad y, por lo tanto, el gancho es otro. Lo que más destaca del conjunto, y que hace que se convierta en algo que sí o sí se tiene que ver, es la insistencia del guion de Craig Mazin en enternecer a la audiencia, logrando que, al empatizar con sus personajes principales, sus acciones tengan mayor importancia para lo que se cuenta. La falta de cinismo es un ingrediente clave.
Porque sí, las ovejitas se ven obligadas a resolver un crimen, que es el misterioso as*sin*to de su pastor, George (Hugh Jackman), y claro, hacen esto con todas las mecánicas propias de un whodunnit convencional –como las de cualquier película de Hercule Poirot, por ejemplo–. Sin embargo, la inocencia con la que se presentan las piezas es refrescante.
Hay humor que, con bastante inteligencia, pone sobre la mesa las formas poco respetuosas en las que los humanos conviven con los animales; se incluyen diálogos en los que se hace énfasis en el hecho de que, muchas veces, la maldad se origina de la búsqueda por poder, y constantemente se discute lo horrible que es que a alguien le quiten la vida.
Sorpresivamente, todo se hace con elegancia y madurez, cosa que se agradece, sobre todo si se toma en cuenta que, en muchísimos momentos del metraje, esto se hace para hablarle con respeto al público infantil. Mazin y el director, Kyle Balda (quien da el salto de la animación para hacer su debut en acción real), entienden perfectamente cómo hacer que estos conceptos encajen a la perfección con el tono del proyecto.
De ahí que la parte técnica también sea esencial para que todo funcione: la edición y montaje veloces de Martin Walsh, Paul Machliss y Al LeVine mantiene el ritmo adecuado para que la resolución del caso nunca se vuelva tediosa y, además, permite apreciar la colorida y vivaz fotografía de George Steel, que refuerza la idea central de que, aún en la oscuridad, lo que nos salva es voltear a ver lo luminoso a nuestro alrededor.
A esto habría que agregar que ayuda mucho el hecho de que el elenco (en particular el que se encarga de las voces en inglés, como Julia Louis-Dreyfus, Bryan Cranston, Bella Ramsey, entre otros; y por otro lado Nicholas Braun, que lidera el apartado live-action como el despistado oficial Tim Derry) se pone en sintonía con la adorable comedia.
Con todo esto, Las ovejas detectives es una rareza, y da gusto que se haya estrenado, porque se nota que está consciente de su “difícil sencillez”. A veces, no hay problema con que una cinta abandone el redil de lo que ya está establecido.
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Lorena M
No hay que perderse esta película. Muy diferente a lo que pensé que sería.