Inspirada en textos apócrifos y en la Biblia etíope, la nueva película de Mel Gibson promete llevar la historia de Jesucristo hacia terrenos nunca antes vistos en cine
Más de veinte años después de sacudir al mundo con La pasión de Cristo, Mel Gibson está listo para volver al episodio más importante de la tradición cristiana. Pero si alguien esperaba una continuación solemne, lineal y apegada únicamente a los evangelios canónicos, todo apunta a que se llevará una sorpresa.
La resurrección de Cristo ya terminó su rodaje en los estudios Cinecittà, en Roma, y llegará dividida en dos partes. La primera se estrenará el 6 de mayo de 2027 y la segunda el 25 de mayo de 2028. Sin embargo, lo verdaderamente llamativo no son sus fechas de estreno ni el hecho de que Jaakko Ohtonen sustituya a Jim Caviezel como Jesús. Por el contrario, sería la dirección creativa que Gibson ha prometido para la historia.
El director adelantó hace tiempo que la película será “muy ambiciosa”, con una narrativa que explorará dimensiones espirituales y metafísicas de forma casi psicodélica. Más provocador aún: aseguró que parte de su inspiración proviene de la Biblia etíope y de evangelios apócrifos. Es decir, textos que durante siglos quedaron fuera del canon oficial.
Si Gibson realmente se atreve a trasladar esas ideas a la pantalla, podríamos estar ante una de las películas religiosas más polémicas jamás filmadas. Estos son algunos de los momentos que podrían aparecer y que, de concretarse, seguramente encenderán la conversación.
Tabla de contenidos
- 1 Jesús desciende al inframundo y libera a la humanidad caída
- 2 Los perturbadores milagros de la infancia de Jesús
- 3 María Magdalena y el secreto mejor guardado de la resurrección
- 4 Los 40 días de enseñanzas secretas que revelarían el Apocalipsis
- 5 La ascensión: el cierre definitivo entre lo humano y lo divino
- 6 Autor
Jesús desciende al inframundo y libera a la humanidad caída
Uno de los momentos más fascinantes y polémicos que La resurrección de Cristo podría mostrar es el llamado Descenso al Inframundo. Un episodio que apenas se menciona de forma indirecta en la Biblia canónica. Pero que los evangelios apócrifos desarrollan con una fuerza visual impresionante.
De acuerdo con textos como el Evangelio de Nicodemo, tras morir en la cruz, Jesús no permaneció simplemente en espera hasta el tercer día. Su espíritu descendió al reino de los muertos, al lugar donde las almas aguardaban desde el inicio de los tiempos. Ahí se habría producido un enfrentamiento directo con Satanás, quien creía haber vencido al consumar la crucifixión. Sin embargo, la llegada de Cristo al inframundo significó exactamente lo contrario: la derrota definitiva del mal.
La escena descrita en estos escritos es monumental. Las puertas del Hades tiemblan, los cerrojos se rompen y una luz imposible atraviesa la oscuridad absoluta. Satanás intenta retener el dominio sobre las almas justas, pero Cristo irrumpe como conquistador, reclamando autoridad total sobre la muerte.
Allí Jesús libera a quienes aguardaban la redención desde siglos atrás, comenzando por Adán y Eva, considerados los primeros cautivos del pecado original. Los textos relatan que Cristo toma a Adán de la mano y lo conduce fuera de la prisión eterna. Seguido por patriarcas, profetas y figuras esenciales del Antiguo Testamento. Es una imagen profundamente simbólica: el nuevo Adán rescatando al primero y restaurando el vínculo roto entre Dios y la humanidad.
Los perturbadores milagros de la infancia de Jesús
Si Mel Gibson realmente está explorando los evangelios apócrifos para construir La resurrección de Cristo, uno de los pasajes más inesperados que podría llevar a pantalla es el de la infancia de Jesús. Particularmente los relatos contenidos en el Evangelio de la Infancia de Tomás.
A diferencia de la imagen serena y casi intocable que suele presentar el cine religioso, estos textos muestran a un Jesús niño mucho más inquietante. Un niño consciente de su poder, impredecible y, en ocasiones, aterrador. Una figura sobrenatural cuya divinidad todavía no está domesticada por la compasión que mostrará en su vida adulta.
Uno de los episodios más famosos relata cómo Jesús moldea unos pájaros de barro y les da vida con una sola palabra, haciéndolos volar ante la mirada atónita de quienes lo rodean. Pero junto a este milagro casi poético aparecen otros mucho más oscuros. Niños que se burlan de él y caen muertos tras recibir una maldición. O maestros que intentan corregirlo y son humillados por una sabiduría imposible. Incluso vecinos que terminan castigados por desafiarlo. En varios de estos relatos, Jesús incluso revierte el daño después, pero el tono sigue siendo profundamente perturbador.
La intención teológica de estos textos era subrayar que su naturaleza divina estaba presente desde el nacimiento. Sin embargo, vistos desde una sensibilidad contemporánea, resultan extraños, incómodos y hasta cercanos al horror sobrenatural.
Para un director como Gibson, obsesionado con lo físico, lo espiritual y lo inquietante, estos episodios serían material ideal para construir flashbacks poderosos.
Sería una forma provocadora de explorar una etapa prácticamente ignorada por los evangelios canónicos y por casi todas las adaptaciones cinematográficas.
María Magdalena y el secreto mejor guardado de la resurrección
Otro de los momentos más polémicos que La resurrección de Cristo podría explorar es el papel privilegiado de María Magdalena tras la resurrección, una faceta que durante siglos ha generado debate entre historiadores, teólogos y estudiosos de los evangelios apócrifos.
En los textos canónicos, María Magdalena ya ocupa un lugar fundamental: fue la primera persona en encontrar el sepulcro vacío y la primera testigo de Cristo resucitado. No es un detalle menor. Mientras los discípulos permanecían escondidos y dominados por el miedo, fue ella quien recibió el primer anuncio de la victoria sobre la muerte. Sin embargo, varios evangelios apócrifos llevan esta idea mucho más lejos.
Escritos como el Evangelio de María presentan a Magdalena como una discípula con acceso a enseñanzas reservadas, una figura que recibe revelaciones espirituales profundas que ni siquiera Pedro o los otros apóstoles parecen comprender del todo. En algunos pasajes, los discípulos incluso cuestionan por qué Jesús le habría confiado secretos tan importantes a ella, insinuando tensiones internas dentro del grupo.
Si Mel Gibson decide incorporar parte de esta tradición, la película podría mostrar a María Magdalena como la depositaria de mensajes trascendentales sobre el verdadero significado de la victoria de Cristo. Esto añadiría una dimensión mística y provocadora a su figura, alejándola del papel secundario con el que muchas adaptaciones la han tratado.
Visualmente, esto podría traducirse en encuentros profundamente íntimos y sobrenaturales con Jesús resucitado, cargados de simbolismo y revelaciones que transformen para siempre su entendimiento del mundo.
Sería, sin duda, una de las decisiones más controvertidas de Gibson. Porque daría protagonismo a una interpretación históricamente discutida y replantear uno de los episodios más importantes del cristianismo desde una perspectiva que durante siglos fue marginada.
Los 40 días de enseñanzas secretas que revelarían el Apocalipsis
Uno de los terrenos más fascinantes —y potencialmente más polémicos— que La resurrección de Cristo podría explorar son los 40 días que Jesús pasó con sus discípulos después de regresar de entre los muertos y antes de ascender al cielo.
Los evangelios canónicos apenas mencionan este periodo, limitándose a señalar que Cristo se apareció a sus seguidores y les habló del Reino de Dios. Sin embargo, varios textos apócrifos y tradiciones antiguas expanden enormemente ese vacío narrativo, describiendo una etapa llena de enseñanzas reservadas, revelaciones cósmicas y visiones sobre el origen y el destino definitivo de la humanidad.
Escritos como la Pistis Sophia o el Libro secreto de Juan presentan a un Cristo resucitado que revela a sus discípulos conocimientos imposibles de comprender antes de su muerte: la verdadera estructura del universo, la creación espiritual del mundo, la caída de los poderes celestiales y la lucha eterna entre la luz y las tinieblas.
Según estas tradiciones, Jesús habría explicado cómo nació la creación, el papel de los ángeles y los seres intermedios, la corrupción que permitió la entrada del mal y la restauración final de todas las cosas. Pero quizá lo más inquietante son las visiones del porvenir.
En estos relatos, Cristo muestra imágenes del juicio final, la destrucción del orden terrenal, la derrota absoluta de Satanás y la instauración de una nueva creación purificada. Son ideas que conectan directamente con la imaginería del Apocalipsis: cielos abiertos, tronos de fuego, criaturas imposibles, multitudes elevadas hacia la redención y un universo entero transformado para siempre.
Si Mel Gibson decide inspirarse en esta tradición, podría construir secuencias visualmente descomunales, alejadas del realismo crudo de La pasión de Cristo y mucho más cercanas a una experiencia mística y alucinatoria.
No sería extraño ver a los discípulos contemplando visiones imposibles del fin de los tiempos mientras Jesús les revela secretos que cambiarán para siempre su entendimiento del mundo. La cinta podría atreverse a representar la revelación total del universo: el pasado, el presente y el futuro fundidos en una sola experiencia espiritual.
La ascensión: el cierre definitivo entre lo humano y lo divino
Si La resurrección de Cristo realmente busca cerrar esta historia con la escala épica y espiritual que Mel Gibson ha prometido, todo apunta a que el clímax inevitable será La Ascensión. uno de los momentos más poderosos y misteriosos de toda la tradición cristiana.
En los evangelios canónicos y en el libro de Hechos, este episodio se describe de forma breve pero profundamente simbólica. Tras 40 días apareciéndose a sus discípulos y revelándoles los misterios del Reino de Dios, Jesús los conduce hasta el Monte de los Olivos. Ahí, frente a ellos, eleva su bendición final y asciende al cielo hasta desaparecer entre las nubes.
Sin embargo, las tradiciones apócrifas expanden enormemente este instante y lo convierten en un acontecimiento cósmico. No se trataría simplemente de un hombre flotando hacia el firmamento, sino del momento en que Cristo regresa a su gloria eterna atravesando los distintos cielos, venciendo por completo a las potestades espirituales y restaurando el orden divino alterado desde la caída de la humanidad.
Algunos textos describen coros angelicales, portales de luz abriéndose sobre la creación y una conmoción universal que sacude tanto la Tierra como los reinos celestiales. La ascensión no sería sólo una despedida para los discípulos, sino la confirmación absoluta de que la muerte ha sido derrotada y de que la redención ya está consumada.
Más importante aún, funcionaría como el cierre emocional perfecto: los discípulos contemplando, quizá entre lágrimas y asombro, cómo Jesús abandona definitivamente su forma terrenal mientras les deja la promesa de su regreso.
Si La resurrección de Cristo se atreve a llegar hasta ese punto, la película no sólo cerraría el relato iniciado con La pasión de Cristo, sino que podría terminar con una de las secuencias más ambiciosas, controvertidas y visualmente impactantes que Hollywood haya dedicado jamás a la figura de Jesús.
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