Descubre hasta dónde podemos llegar para encontrar una familia y sanar el pasado.
Tras su exitoso paso por festivales alrededor del mundo, la 23ª edición del FICM le abrirá sus puertas a Hiedra, película ecuatoriana que nos hará reflexionar sobre las huellas del abandono y las decisiones del pasado. Entre heridas, arrepentimiento y una nueva oportunidad para hacr las cosas bien, este drama pinta para ser uno de los títulos más recordados de todo el festival. A continuación, te presentamos algunas razones para no perdertelo.
Tabla de contenidos
Heridas y sanación
Aquí conocemos a Azucena, quien espía a adolescentes en un orfanato donde estos conviven como hermanos. Tiene más de 30 años, pero se ha estancado en el pasado por un suceso que la marcó para siempre. Aunque sus universos sociales los distancian, Azucena busca algo en el grupo y se enfoca particularmente en Julio, de 17 años. La herida, la atracción y la ternura hacen que estos dos personajes lastimados no sólo se encuentren, sino que también empiecen a encontrar muchas cosas en común. La película no teme mostrar la crudeza de sus heridas, pero lo hace con sensibilidad, y esta te hace desear que ambos personajes encuentren su camino.
Ana Cristrina Barragán
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La directora ya había cautivado a la audiencia con títulos como Alba y La piel pulpo, pero con Hiedra se ha posicionado como una de las directoras más importantes de Latinoamérica. Cuenta una historia desde las sensaciones, los gestos pequeños y el cuerpo. No es una película de diálogos interminables, sino de miradas y atmósferas que conectan con el espectador justo como lo hacen sus personajes.
El apoyo del mundo
Hiedra llega a la 23ª edición del FICM tras cosechar muchos éxitos fuera de su país natal. La obra de Barragán ganó el Premio Orizzonti a Mejor Guion en el Festival de Venecia y una Mención Especial en San Sebastián, lo cual habla de su impacto. Verla en el FICM es una oportunidad clave para apoyar el cine independiente de calidad, especialmente el hecho en Latinoamérica.
Una producción fascinante
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Mientras vemos cómo se desarrollan (e incluso unen) las historias de Azucena y Julio, la película crea un entorno más que agradable para la vista. Las locaciones en Quito son emocionantes; además, el diseño de producción y la fotografía logran crear espacios que tienen su propia fuerza gracias a casas antiguas, orfanatos y paisajes que reflejan el estado emocional de los personajes. Más allá de lo emocional, Hiedra te atrapa desde la vista y presenta un gran contraste entre los rincones donde se cuenta la historia y el dolor de los personajes.
El significado de una familia
Si te gustan las películas que exploran los límites del afecto, esta es la tuya. La conexión entre Azucena y Julio va de una ligera incomodidad a la ternura, y también habla sobre la necesidad de crear un lazo familiar. Ella busca algo en un grupo de huérfanos que conviven como hermanos, sugiriendo que la familia no siempre es de sangre. Nos señala, además, que la sanación no siempre viene de donde uno espera, o de las personas que creemos. En ese sentido, Simone Bucio (como Azucena) y el debutante Francis Eddsanaú Llumiquinga (como Julio) entregan actuaciones sobresalientes, y representan tanto el dolor como la esperanza de encontrarse.
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