Una cinta que reescribe las reglas del cine de horror moderno.
Una de las películas más esperadas y comentadas de 2025 llegó a la cartelera de Cinépolis. Con La hora de la desaparición, tus sentidos se enfrentarán a un viaje sin precedentes mientras se adentran en la oscuridad. Esta es una cinta que te toma del brazo y nunca te suelta, pero a cambio ofrece innovación y verdadero asombro.
¿Ya te preparaste? Esta es nuestra reseña de La hora de la desaparición.
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Se fueron… y no regresaron
Fue en 2022 cuando el mundo conoció una nueva voz en el cine de horror moderno, proveniente de un director que, sin temor a equivocarse, es de los que mejor sabe qué hacer para mantener a la audiencia confundida. Se trata de Zach Cregger, quien con su primera cinta en solitario, Bárbaro, dejó a más de uno con la boca abierta.
Ahora, Cregger repite la hazaña con una propuesta que confirma ese control que el cineasta tiene de su visión y cómo la presenta a los espectadores. La hora de la desaparición es, probablemente, una de las obras de género más desconcertantes de los últimos años, y esto se debe justamente a la forma en la que la historia se preocupa por cautivar desde el inicio a quienes están del otro lado de la pantalla y nunca soltarlos.
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La premisa, si bien es simple, resulta potente por sus implicaciones dentro de la sociedad. Atestiguamos cómo, una madrugada, todos los niños de un mismo salón de primaria en el pueblo ficticio de Maybrook, Pensilvania, se levantan de sus camas, abren las puertas de sus casas y avanzan hacia la profunda oscuridad para no volver. Así, los integrantes de la comunidad se ven sacudidos por las consecuencias de una pérdida inesperada.
Como principal acierto, la cinta puede presumir de tener una atmósfera inquietante en cada uno de los cuadros que componen el conjunto. Todo lo que vemos y escuchamos nos pone en estado de alerta, y esto no sólo se lo debemos a la sensación palpable de angustia perfectamente capturada por su ensamble –conformado por Julia Garner, Alden Ehrenreich, Benedict Wong, Josh Brolin, Cary Christopher, Austin Abrams y Amy Madigan–, sino al hecho de que tal angustia es lo que alimenta la originalidad de la narrativa.
Las apariencias engañan
Pocas veces sucede que una cinta con temas truculentos y oscuros tenga niveles tan altos de inmersión y grandilocuencia. Tanto así que sucede algo curioso con la forma en que el público reacciona a la historia que se ofrece, pues si bien estamos ante un conjunto de naturaleza opresiva y confusa, de pronto aparecen secuencias que nos emocionan, pues en su exploración de la histeria colectiva y la respuesta ante el duelo y la culpa, se asoman aspectos técnicos dignos de admiración.
Las vivencias de cada uno de los personajes, abordadas desde puntos de vista no lineales, sirven para tratar temas vigentes para el espíritu de los tiempos en que fue lanzada la cinta, y además están retratadas de manera sombría, pero energética, por el lente de Larkin Seiple.
Lo que la propuesta abona al horror (en su forma distinta de asustar, más sugerida y controlada que directa y efectista), también aplica para su exploración de asuntos como la inseguridad, el ensimismamiento, la perdida y la capacidad de respuesta ante la tragedia.
No es exagerado decir que lo que vemos en la sala no busca enseñarnos todo de golpe. La hora de la desaparición se siente casi como una experiencia interactiva: cada quien decide qué quiere descubrir.
¿Perturbador? Sí. ¿Refrescante? También. Es un rompecabezas con un toque sobrenatural que se siente totalmente nuevo. Hay que verla para creerla.
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