Elphaba y Glinda tienen una última oportunidad para cambiar el destino de Oz. ¿Se encuentra esta conclusión a la altura de las expectativas?
Han pasado casi nueve años desde que Universal Pictures anunció la realización de una película basada en Wicked. El exitoso musical de Broadway (a su vez basado en la novela de Gregory Maguire) propuso una historia “alternativa” a lo que siempre supimos sobre las llamadas brujas de Oz, y de inmediato conectó con millones de espectadores. Hacer una adaptación fiel, e igualmente espectacular, no parecía algo sencillo, pero Jon M. Chu demostró que con amor, talento y dos grandes estrellas, la magia es posible de alcanzar. Tras una primera entrega que fue aclamada en todo el mundo, llega Wicked: Por siempre para poner punto final al viaje en ese icónico camino amarillo.
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El camino a la verdad
Elphaba, ahora demonizada como La Bruja Malvada del Oeste, vive exiliada, oculta en el bosque de Oz, mientras continúa su lucha por la libertad de los Animales silenciados del reino y desesperadamente intenta exponer la verdad que conoce sobre El Mago. Glinda, por su parte, se ha convertido en el glamoroso símbolo de la Bondad en todo Oz, viviendo en el palacio de la Ciudad Esmeralda y disfrutando de los privilegios de la fama y la popularidad.
Mientras la fama de Glinda crece y se prepara para casarse con el Príncipe Fiyero en una espectacular boda oziana, ella se ve atormentada por su separación de Elphaba. Intenta mediar una reconciliación entre Elphaba y el Mago, pero esos esfuerzos fracasan, alejando aún más a las dos amigas. Las consecuencias transformarán para siempre a Boq y a Fiyero, y pondrán en peligro la seguridad de la hermana de Elphaba, Nessarrosa, cuando una chica de Kansas irrumpa en sus vidas. Mientras una turba enfurecida se levanta contra la Malvada Bruja, Glinda y Elphaba deberán reunirse por última vez.
Para quienes conocen la obra de teatro, no es un spoiler decir que el segundo acto de esta (en el que se basa Por siempre) es el más débil. La trama está definida y las consecuencias de cada acción son notorias, pero de alguna manera hay momentos que se extienden más de lo necesario y otros que llegan de golpe (como el clímax y la aparición de Dorothy). Wicked: Por siempre es una adaptación extremadamente fiel, tanto que traslada esos mismos problemas del escenario a la pantalla. Si bien, la película nunca resulta aburrida, queda claro que algunos momentos (e incluso un número musical en particular) pudieron necesitar de una mejor edición para agilizar el ritmo.
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Una dupla histórica
Wicked ya había demostrado el enorme acierto de elegir a Cynthia Erivo y Ariana Grande como protagonistas, pero aquí Jon M. Chu les saca aún más provecho. La Elphaba de Erivo tiene asumido el odio de todo Oz hacia ella, y se muestra como una mujer dolida, pero que aún tiene esperanza de cambiar su destino. Glinda, por otro lado, logra sacar el lado más dramático de Grande, y nos regala un par de secuencias donde queda claro que esa chica en la burbuja ha cambiado rotundamente. Ya no es la joven popular que maravillana en Shiz, sino una figura utilizada para calmar o agitar a la población.
Jonathan Bailey logra un Fiyero mucho más maduro, pero igualmente encantador cuando así se le requiere. Y aunque no tienen mucho tiempo en pantalla, Ethan Slater (Boq) y Marissa Bode (Nessarose) crean escenas intensas con el dolor y la frustración que atraviesan sus personajes. Por suerte, Jeff Goldblum y Michelle Yeoh tienen mucho más que hacer en esta segunda parte, incluso si su voz a la hora de cantar desentona bastante comparada con la de las protagonistas.
Magia en la pantalla grande
Técnicamente, Wicked: Por siempre es otro ejemplo de lo que se consigue al mezclar un gran presupuesto, la visión de verdaderos artistas y un mundo tan lleno de mitología como este. Cierto es que algunas escenas repiten los problemas de iluminación de la primera entrega, pero en general hay un mejor uso del color, los escenarios resaltan más, y la fotografía se presenta mucho mejor trabajada. Los vestuarios de Paul Tazewell son extraordinarios, y es emocionante ver que incluso los extras portan prendas llenas de esmero. No sorprendería ver que la película repita este premio en los Oscar del próximo año.
El diseño de producción es, una vez más, apabullante. Desde el camino amarillo hasta la habitación de Glinda hay un gran nivel de detalle, y lo mismo aplica con los efectos visuales. Estos son más que convincentes con los animales, el diseño de la Ciudad Esmeralda, y sobre todo con los vuelos de Elphaba. Aquella secuencia donde el personaje canta “No Good Deed“ es un logro que involucra gran trabajo sonoro, la espectacular voz de Cynthia Erivo y efectos visuales más que sólidos para representar Kiamo Ko y a los famosos monos azules.
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Por siempre…
Puede que no alcance el nivel de su aclamada antecesora, pero Wicked: Por siempre no deja de sentirse como una conclusión natural para las brujas de Oz. Aunque ambas se filmaron al mismo tiempo, la evolución de sus personajes es evidente, el reparto está perfectamente bien integrado, y hay una nostalgia que invade la pantalla desde la primera secuencia.
Para muchos, adaptar Wicked de una forma convincente era casi imposible. Sin embargo, el director Jon M. Chu (en colaboración con las guionistas Winnie Holzman y Dana Fox) demostraron su talento a la hora de crear sus películas más ambiciosas hasta la fecha. Con una dupla protagónica digna de pasar a la historia, canciones que se volvieron aún más famosas, y una amistad digna de admirar, Wicked cumplió su misión: transformar eternamente a millones de fans.
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