Una huella en las películas del director…
En el universo de Quentin Tarantino, la violencia baila con la música, los diálogos son armas y, entre todo ese caos cuidadosamente coreografiado, los pies —sí, los pies— se roban el foco una y otra vez. No importa si son los de Uma Thurman, los de Margot Robbie, o los de Salma Hayek, pero en algún punto, los pies también se volvieron un emblema parte de la cinematografía del estadounidense. ¿Qué significan? ¿Es un fetiche? Conoce las razones detrás de su aparición.
ADVERTENCIA: Texto lleno de imágenes de pies.
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Los pies sí están en el cine de Tarantino
La conversación comenzó hace muchos años, a principio de la carrera del cineasta. En el estreno de su segunda película, en 1992, Quentin sorprendió con una escena que, aunque en su momento pasó desapercibida, hoy se ve como la primera “bandera” sobre el tema. Se trata de una escena de Tiempos violentos.
Dos gangsters discuten sobre si hacerle un masaje de pies a la esposa del jefe es o no una forma de infidelidad. Mientras tanto, la cámara se detiene en los tacones y las pisadas de Mia Wallace, como aquella mujer misteriosa detrás del debate.
No hay sexo explícito, pero sí una estética y sentimiento de deseo palpable. Una fascinación que no se esconde. Desde entonces, las miradas de los cinéfilos comenzaron a notar un patrón: pies en primer plano, pies que caminan, que descansan, o que incluso dominan la pantalla.
Las siguientes escenas en las que vimos el gusto de Tarantino por los pies son: Jackie Brown (1997), donde los pies de Bridget Fonda ganan protagonismo, o en Bastardos sin gloria (2009), en la que aparece una toma explícita del zapato y pie de Diane Kruger.
El “fetiche visual” también alcanzó momentos aún más evidentes con A prueba de muerte (2007) o Había una vez en Hollywood (2019), donde los pies descalzos, sucios o en movimiento se vuelven parte del universo estético del director.
¿Por qué pone pies en su cine?
La conversación alrededor de este fenómeno visual no tiene una explicación como tal. Sin embargo, sí hay mucho debate detrás de ello.
Hay críticos de cine que, en muchas ocasiones, Tarantino no tuvo la necesidad de filmar en primer plano a un par de pies dentro de sus películas. De hecho, no es estético y no propositivo para la historia.
Aún así, el director no tiene miedo a hablar del tema. Aunque nunca ha negado ni confirmado del todo su inclinación por los pies, sí hace visible que estos son una pieza central en su trabajo. Tarantino no lo ve como un problema, sino como un asunto del que suele reírse.
“No me lo tomo en serio. Hay muchos pies en las películas de muchos buenos directores. Eso es simplemente buena dirección. Por ejemplo, antes que yo, la persona que definió el fetichismo de pies fue Luis Buñuel, otro director de cine. Y Hitchcock fue acusado de ello, y Sofia Coppola también”, dijo a GQ en 2021, un par de años después de postrar los pies de Robbie en frente de las cámaras.
La respuesta del director rechaza las etiquetas y, aunque, a la fecha, el mundo continúa cuestionándose el propósito detrás de ello, parece que él lo acepta como una decisión más en su cine.
Con el tiempo, el fetiche ha dejado de ser un rumor para convertirse en parte del mito tarantinesco. Los fans lo esperan. Los críticos lo rastrean. En las redes, circulan compilaciones enteras de su trabajo e, incluso, hay quienes se ríen sobre el tema. Entre ellos Brad Pitt, quien en una entrevista dijo que “Quentin ha hecho más por los pies femeninos que cualquier podólogo” (vía SAG Awards), o Maya Hawke, quien continuó el legado de su madre en la novena película del director:
“Sí [mi madre me dio un consejo para trabajar con él]: ‘cúbrete los pies’.”, dijo en una reciente entrevista con Amy Poehler.
Al final, nos preguntamos: ¿es realmente un fetiche? ¿O simplemente un rasgo más del estilo provocador y excesivo de Tarantino? La respuesta, quizás, esté en el punto medio. Sus películas son un catálogo de excesos: sangre, diálogo, humor y cultura pop.
No sorprende que el hombre que transformó la violencia en danza y el lenguaje en ritmo también haya encontrado en los pies una forma de expresar algo —aunque ni él mismo pueda explicar del todo qué. Y es que, en última instancia, esa es la magia del misterio tarantinesco: su cine no busca complacer, sino inquietar. Es una forma de recordarnos que el cine se mira en muchas formas y estilos.
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