Un reconocimiento para una extraordinaria carrera
En una de las noches más emotivas del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el actor venezolano Edgar Ramírez subió al escenario para recibir el Premio Mayahuel Homenaje Internacional y dejó claro que, más allá del reconocimiento, lo suyo fue un momento profundamente personal.
El actor es reconocido por una sólida trayectoria internacional, en la que ha demostrado un amplio abanico de personajes en producciones tanto independientes como comerciales. Desde la alfombra roja de la inauguración de la edición 41, el intérprete desbordó carisma y cercanía, conquistando a los asistentes con su presencia.
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La emoción detrás del discurso de Edgar Ramírez
Visiblemente conmovido, Ramírez arrancó su discurso entre aplausos y con una honestidad que marcó el tono de la velada:
“Estoy genuinamente muy emocionado y muy confundido. No estoy seguro qué hago aquí y si soy realmente merecedor de esto”.
Lejos de cualquier pose, el actor aprovechó el momento para reconocer sus lazos con México, país que, según sus propias palabras, ha sido clave en su historia: “Yo soy actor por un mexicano, yo soy actor por México”, dijo, recordando el impulso que recibió de Guillermo Arriaga para iniciar su carrera.
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Frente al público de Guadalajara, Ramírez habló sobre el exilio, la migración y el papel del país como refugio histórico. “México ha sido históricamente una tierra de refugio, de acogida y de dignidad”, expresó, agradeciendo la apertura hacia comunidades desplazadas, incluidos miles de venezolanos. En uno de los momentos más contundentes de la noche, reiteró: “Nadie es ilegal… nadie quiere irse de su hogar a la fuerza”.
Con una sensibilidad que conectó de inmediato con la audiencia, el actor también reflexionó sobre el impacto emocional del desarraigo:
“El exilio no es solamente cambiar de lugar, es aprender a vivir con un desgarro permanente. El cine no puede borrar esa herida, pero sí puede darle un rostro, una voz y un sentido”.
El cierre fue, como el resto de su intervención, una declaración de gratitud y reconocimiento hacia México: “Porque México ha sabido abrir sus brazos de par en par cuando otros solo han levantado muros”. Un discurso que no solo celebró una trayectoria internacional, sino que convirtió el escenario del FICG en un espacio de memoria y humanidad.
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