El director reveló que durante meses dudó si la ambiciosa producción filmada en IMAX realmente funcionaría o si sería posible filmarla
Desde que se anunció, La odisea prometía ser una de las películas más ambiciosas jamás dirigidas por Christopher Nolan. Adaptar el clásico poema de Homero ya suponía una enorme responsabilidad, pero el cineasta británico decidió ir todavía más lejos: filmarla completamente con cámaras IMAX, recorrer seis países distintos y apostar por una producción épica a gran escala en una época donde este tipo de proyectos son cada vez menos frecuentes.
Sin embargo, detrás de las espectaculares imágenes y de la enorme expectativa que rodea a la película, existió una realidad mucho menos glamorosa. El propio Nolan ha reconocido que el proceso estuvo marcado por la ansiedad, la presión y las dudas sobre si realmente podría sacar adelante una producción de semejante magnitud.
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Nolan dudó poder completar La odisea
En una extensa conversación con The New York Times, el director habló con sorprendente honestidad sobre las emociones que acompañaron la producción.
Aunque muchos podrían pensar que después del éxito de Oppenheimer ya no existen desafíos imposibles para él, Nolan confesó que La odisea representó algo completamente distinto.
“Fue una tarea titánica, sin duda”, aseguró. “No creo que me hubiera sentido preparado para dirigir esta película hasta ahora”.
La adaptación del poema de Homero se convirtió en un proyecto monumental. Además de contar con un elenco repleto de estrellas, la producción implicó trasladar al equipo por distintos países y coordinar secuencias que requerían una logística pocas veces vista en el cine contemporáneo.
Incluso para un realizador acostumbrado a proyectos enormes como El caballero de la noche, Interestelar o Tenet, la escala de La odisea parecía estar en otro nivel.
Los retos de filmar en IMAX
Una de las mayores complicaciones surgió por la decisión de rodar toda la película utilizando cámaras IMAX.
Nolan explicó que él y el director de fotografía Hoyte van Hoytema tuvieron que trabajar junto a la compañía para desarrollar nuevas herramientas que permitieran mover y proteger el pesado equipo durante el rodaje.
“A mitad del rodaje, Hoyte y yo nos miramos y nos dimos cuenta: ‘Sí, esto va a funcionar’”, recordó.
Antes de llegar a ese momento, sin embargo, predominaban las dudas. El cineasta reveló que fue necesario crear nuevos sistemas de ingeniería para operar las cámaras y que los actores incluso utilizaban espejos para poder verse entre sí alrededor del voluminoso equipo.
“Filmar toda la película en IMAX nos obligó a desarrollar nuevas soluciones de ingeniería”.
La incertidumbre fue tal que ni el propio Nolan sabía con certeza si la apuesta terminaría funcionando en pantalla.
Los sueños de ansiedad que acompañaron el rodaje
Las dudas no desaparecían al terminar la jornada. Durante la entrevista, Nolan reveló que frecuentemente experimenta sueños relacionados con el trabajo y que, cuando una producción se vuelve especialmente compleja, estos pueden convertirse en auténticas pesadillas.
“Sueños terribles de ansiedad en los que, ya sabes, el día casi termina y no hemos tenido ni una sola oportunidad”, confesó.
Lejos de ocultar esa faceta, el director explicó que forma parte de su personalidad y de su manera de enfrentar cada proyecto.
“Soy muy, muy precavido. Siempre veo que todo puede salir mal. Soy ese tipo de persona”.
Incluso admitió que muchas veces las noches más difíciles llegan cuando siente que todavía no ha resuelto algún problema creativo o logístico de la semana.
¿Nolan tiene algo que demostrar?
Además de las complicaciones técnicas, Nolan habló sobre otro factor que alimenta su ansiedad: el momento en que una película deja de pertenecerle y pasa a manos del público.
“Es muy estresante”, dijo sobre el periodo previo al estreno. “Trabajas en algo durante mucho tiempo, te importa mucho, pero las películas pertenecen al público. Así que, en cierto modo, es algo subjetivo”.
Para alguien que lleva décadas construyendo algunas de las producciones más importantes de Hollywood, resulta llamativo escuchar que esos nervios siguen presentes.
Sin embargo, quizás esa sea precisamente una de las claves de su carrera. Incluso después de ganar el Oscar y convertirse en uno de los directores más influyentes del mundo, Christopher Nolan sigue enfrentando cada película como si tuviera algo que demostrar.
Y si sus propias palabras sirven de indicador, La odisea podría haber sido el mayor desafío de todos. La podrás ver en Cinépolis a partir del 16 de julio.
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