La evolución del Zombie a lo largo de los años.
Aunque durante décadas fue considerado una figura menor dentro del imaginario del terror, el zombie y el cine zombie ha logrado consolidarse como el monstruo más representativo del siglo XXI. Su evolución ha sido constante, adaptándose a las inquietudes de cada época y reconfigurando sus atributos para mantenerse vigente en el panorama cultural contemporáneo gracias a su sorprendente capacidad para reflejar los miedos sociales más profundos, desde la deshumanización cotidiana hasta el colapso de las estructuras que sostienen nuestra vida en común.
Siguiendo la línea de Danny Boyle, ¿cómo han evolucionado en los últimos 28 años? Este recorrido propone una mirada panorámica a los momentos clave que marcaron el renacimiento y consolidación del cine zombie del nuevo milenio, en una exploración temática que da cuenta de sus múltiples mutaciones, sus cruces con otros géneros y sus inesperadas irrupciones en la realidad. Porque si algo ha demostrado este monstruo, es que su poder simbólico está lejos de extinguirse.
Tabla de contenidos
La resurrección del mito (2001)
Es común escuchar que el zombie es un ser banal, que poco tiene que hacer ante la fuerza simbólica de los monstruos clásicos. Grave error, pues se trata de una criatura cuyo apetito insaciable proyecta la desaparición de la civilización tal como la conocemos, consumida por una sociedad que invariablemente sucumbe a la barbarie.
A pesar de su enorme poderío, las sangrientas criaturas empezaron a caer en desuso hacia los 80 y 90, de una manera tan dramática que incluso se especuló sobre su extinción. Irónicamente, su resurgimiento no se concretó solo desde el cine, sino desde el terror colectivo padecido por el mundo occidental tras los ataques del 11 de septiembre de 2001. Así lo asegura Antonio José Navarro al rememorar que “el síntoma más evidente es el incremento cuantitativo de la producción cinematográfica sobre zombies […] en toda la orbe occidental”. Por su parte, Luis Pérez recuerda que en el cine Z del siglo XXI “no hay vecinos, ni hermanos, ni compañeros, ni amigos, todos son ahora extraños, la sociedad al completo se convierte en amenaza y no hay más orden que las balas que uno mismo lleva en su canana”. Una construcción que puede apreciarse de lleno en los dos primeros títulos decisivos de esta nueva era.
Reinvención de la fórmula (2002)

George A. Romero pasó a la historia como el padre del subgénero zombie, pero hay quienes insisten en que el creativo nunca pudo afianzar las razones tras los no muertos dentro del imaginario. O lo que es lo mismo, ¿de dónde vienen y cómo se propagan? La tendencia empezó a cambiar en los primeros años del siglo XXI tras los respectivos estrenos de Exterminio y Resident Evil.
Hablamos de dos obras muy distintas entre sí, pero que coincidieron en la elección de un virus como detonante de sus respectivas crisis y en la mordedura como vía primaria de contagio. La evolución del concepto fue estupendamente recibida por el público, que no tardó en abrazarla como canónica, en buena medida porque dejaba atrás la fantasía propia del folclore caribeño para sustituirla por elementos científicos que aumentaban el realismo de estas criaturas y, por consiguiente, las sensaciones de peligrosidad ante las nociones de que el cataclismo podía concretarse de algún modo.
Dos caminos: drama y acción (2002)
Exterminio o Resident Evil, ¿qué película repercutió más en la consolidación del zombie como el monstruo por excelencia del siglo XXI? Difícil respuesta, más aún cuando recordamos que ambas películas se estrenaron en el mismo año, lo que impidió que una tomara ventaja sobre la otra. Si nos vamos por la crítica, la de Danny Boyle lleva ventaja; pero si de popularidad se trata, la franquicia encabezada por Paul W. S. Anderson va a la cabeza con sus seis entregas.
Este lanzamiento simultáneo es clave para entender la doble vertiente que ha tomado el subgénero desde entonces, que incluso resultó en interesantes híbridos como Exterminio 2 (2007) y Soy leyenda (2007).
Más allá de los debates sobre calidad e impacto, nuestra recomendación es ver ambas propuestas como lo que son: tratamientos opuestos, pero complementarios, que han sido decisivos para el fortalecimiento del subgénero en la era moderna. En el primero de los casos, desde el drama social; en el segundo, desde la acción. Eso sí, en ambas vertientes, con una clara predominancia del terror. Un tratamiento que, con altas y bajas, se mantiene hasta nuestros días.
El zombie también ríe (2004)
No pasó mucho tiempo para que los zombies, que tantas pesadillas empezaban a provocar entre las audiencias, arrancaran sus primeras carcajadas. Buena parte del crédito corresponde a El desesperar de los muertos, que, dirigida por Edgar Wright y protagonizada por Simon Pegg y Nick Frost, marcó un antes y un después en el subgénero con la historia de dos atolondrados amigos cuyo plan de supervivencia no va más allá de su pub de confianza. Una brillante hibridación de comedia y terror que eventualmente continuó con otros géneros desde la celebrada Trilogía del Helado.
La tendencia ha continuado hasta nuestros días con títulos como Mi novio es un zombie (2013), Los muertos no mueren (2019) y Little Monsters (2019), por nombrar algunos. Mención especial para Zombieland (2009), todo un clásico de su tiempo que, además de sus hilarantes momentos y sus memorables personajes, nos dejó un manual de supervivencia tan memorable que se ha convertido en pieza de culto entre las audiencias.
Impacto con la realidad: el found footage (2007)
A pesar de su fortísima carga simbólica, el zombie parecía sucumbir ante una sobreexplotación cinematográfica que resultaba en propuestas cada vez más formulaicas. La nueva revolución vino del formato, que aumentó el realismo y, por consiguiente, el terror, con el found footage y su siempre inquietante cámara subjetiva.
A diferencia del fenómeno vivido con títulos como El proyecto de la bruja de Blair (1999) y Actividad paranormal (2007), el cine zombie nunca intentó convencer al público de la veracidad de lo mostrado en pantalla. En vez de ello, se decantó por propuestas en primera persona que hacían partícipes al público de lo que implicaba ser perseguido por oleadas de no muertos de los que no hay escape. El ejemplo por excelencia fue Rec (2007), un título no apto para los sensibles de estómago, que marcó un antes y un después dentro del subgénero, al tiempo que disparó para siempre las carreras de su dupla realizadora, compuesta por Jaume Balagueró y Paco Plaza.
Una mirada internacional (2016)

El fenómeno Rec es clave para entender que, si bien la popularización contemporánea del zombie cinematográfico comenzó en Estados Unidos y Reino Unido, eventualmente se enriqueció con miradas provenientes de distintas latitudes. El ejemplo por excelencia es Estación Zombie: Tren a Busan, que, dirigida por Yeon Sang-ho, fue celebrada por su representación de una sociedad deshumanizada que se debate continuamente entre ayudar al prójimo o permanecer indiferente ante los problemas ajenos.
Esta misma genialidad puede apreciarse en otros títulos de todo el mundo, como la australiana Cargo (2017), de Yolanda Ramke y Ben Howling, la francesa The Night Eats the World (2018), de Dominique Rocher y la taiwanesa The Sadness (2021), de Rob Jabbaz. Más allá de la diversidad en sus narrativas, sus variantes temáticas y estilísticas son determinantes para comprender los miedos en torno a la faceta más oscura de la naturaleza humana.
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La realidad supera a la ficción (2020)
El cine zombie, tal como ha quedado demostrado en este recorrido histórico, ha tenido importantes paralelismos con el mundo real en los últimos años. Aun así, nada nos preparó para una serie de proyecciones del subgénero en la realidad.
Las primeras se dieron con la pandemia, no desde la infección, sino con los confinamientos a escala global que desolaron los principales puntos turísticos de las grandes urbes, lo que resultó en comparaciones con la mítica secuencia de Exterminio que muestra a Cillian Murphy recorriendo un centro de Londres completamente despoblado.
La crisis sanitaria también generó protestas que parecían extraídas de la pantalla grande, como la de Ohio, en la que manifestantes que se oponían a las medidas de prevención fueron inmortalizados en una imagen que ha sido equiparada con Dawn of the Dead, de George A. Romero. Sólo unos meses después, el ataque al Capitolio tras la derrota electoral de Donald Trump en 2020 fue descrito por testigos como “una película de zombies”.
Ejemplos que ayudan a comprender cómo fue que los no muertos se consolidaron como los monstruos del siglo XXI.
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Visión pospandémica (2025)

Se pensaba que la pandemia de Covid-19 resultaría en una nueva gran ola de cine zombie, y aunque todavía es pronto para saber el rol que estos seres jugarán en la representación cinematográfica del trauma colectivo a escala global, Danny Boyle ha dado un nuevo gran paso en el tratamiento con Exterminio: La evolución. Para ello, el cineasta inglés no profundiza en la propagación del virus, sino que se decanta por la representación de una sociedad que ha debido acostumbrarse a su nueva normalidad.
“Cuando la COVID impactó, usamos guantes, desinfectábamos los alimentos. Pero gradualmente empezamos a correr más riesgos. No permaneces en ese estado de alerta. Evolucionas. Lo mismo sucede en Exterminio: La evolución. Empiezan a correr riesgos. Jamie lleva a su hijo de doce años a tierra firme, aunque su madre dice que es una p*ta locura”.
La historia continuará con una secuela, que a su vez se extenderá con una trilogía. Sin embargo, todavía queda ver si esto supone una nueva revolución del cine zombie.
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