El actor y director reflexiona sobre Ceniza en la boca tras su estreno en Cannes 2026
El paso de Diego Luna por el Festival de Cannes dejó una de las premieres mexicanas más comentadas del certamen. Luego de presentar Ceniza en la boca, el actor y director habló en exclusiva sobre la recepción de la película, el impacto emocional de adaptar la novela y la manera en que el cine puede convertirse en una herramienta política y social.
Tras la premiere, Luna confesó sentirse profundamente conmovido por la experiencia de compartir la película por primera vez con un público ajeno al proceso de producción.
“Hoy sí me desperté sintiéndome muy afortunado por lo que pasó ayer. Era la primera vez que veía la película con un público que no trabajó en ella ni tenía relación con la historia”.
El cineasta destacó que la función reunió a espectadores muy distintos: mexicanos, latinoamericanos, público francés e incluso asistentes ligados al entorno institucional del festival. Para él, una de las experiencias más impactantes fue observar las diferentes reacciones que provocó la cinta.
“Había risas nerviosas, momentos de mucha incomodidad y silencios muy pesados. Me gustó muchísimo vivir eso”.
Además, Luna resaltó la importancia emocional de haber compartido ese momento con gran parte del equipo creativo, algo poco común dentro de los festivales internacionales.
“Los festivales luego son espacios muy solitarios, pero ayer había más de 30 personas del equipo, tanto de México como de España. Estábamos todos viviéndolo juntos”.
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La historia que quiso contar
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Sobre las razones que lo llevaron a adaptar Ceniza en la boca, Luna explicó que la novela lo impactó profundamente desde la primera lectura, especialmente por el conflicto emocional entre madre e hija que atraviesa la historia.
“Me quedó dando vueltas mucho la idea del reclamo de abandono que esta hija tiene con su madre. Desde su perspectiva, lo que vivió fue abandono; pero si le preguntas a la madre, ella hablará de sacrificio”.
Para el director, ese choque de perspectivas construye una reflexión poderosa sobre cómo las personas elaboran su propia narrativa emocional.
“Este personaje se explica a sí mismo a partir de un abandono y termina convirtiéndose, en muchos sentidos, en la madre de su hermano”.
Luna también destacó que la película le permitió abordar un tema poco explorado en el cine mexicano reciente: la migración latinoamericana hacia Europa.
“En México pocas veces discutimos la migración a Europa, pero ha crecido muchísimo desde el primer mandato de Donald Trump y por lo peligroso que se ha vuelto cruzar hacia Estados Unidos. España se ha convertido en un puerto seguro para muchos migrantes latinoamericanos”.
“El cine es político”
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Uno de los momentos más contundentes de la conversación llegó cuando Diego Luna reflexionó sobre el papel político del cine y de los festivales internacionales.
“Sin duda el cine tiene una posición política. El simple hecho de que estemos aquí, en este festival, es un acto político”.
Para el realizador, el cine debe funcionar como una herramienta para abrir conversaciones importantes y confrontar al espectador con nuevas perspectivas.
“El cine es un vehículo, no el destino. Es una gran herramienta para discutir lo importante”.
Finalmente, Luna aseguró que los festivales transforman la forma en que los cineastas y espectadores observan el mundo.
“Me encanta ir a los festivales porque regresas viendo tu contexto desde otro lugar. Tu mirada cambia tantito, y eso provoca la experiencia del cine”.
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