Ellos estaban destinados a encontrarse. Conoce la bella historia que inspiró su película.
Ya puedes ver Lecciones de un pingüino, y la historia real en la que se basa la cinta está repleta de ternura y compañerismo. Por eso, te contamos cómo se formó entre ellos un lazo inquebrantable.
Prepárate para maravillarte ante esta improbable, pero adorable complicidad entre dos seres que estaban destinados a estar uno con el otro.
Tabla de contenidos
Un encuentro inesperado
Para empezar a contar la historia real de Lecciones de un pingüino, tenemos que remontarnos a la década de los 70, cuando Tom Michell, un profesor británico, viajaba a Uruguay desde Argentina, donde daba clases en un internado. Cuando llegó a su destino, una playa en Punta del Este, Michell vio a varios pingüinos magallánicos cubiertos de petróleo. Habían sido víctimas de un derrame de petróleo. Sin detenerte mucho tiempo a considerarlo, Tom rescató a uno de estos animalitos que aún seguía vivo, lo limpió bien y, cuando vio que lo seguía a cada paso, decidió quedarse con él. Además, lo nombró Juan Salvador, pues en ese entonces estaba leyendo la famosa novela corta de la gaviota, escrita por Richard Bach.
En entrevista con La Nación, el profesor dijo lo siguiente: “Fue totalmente impulsivo. Pero, al mismo tiempo, sentí que no tenía opción. Era un animal en peligro y yo podía hacer algo. No dudé. Claro, me cruzó por la cabeza que alguien podría decir que estaba haciendo algo ilegal, pero pensaba: ‘Voy a decir que es una acción humanitaria’. ¿Quién podría objetar eso? De todos modos, nadie me detuvo”.
El desafío más grande
Tom se dio cuenta de que Juan Salvador había perdido la impermeabilidad natural de sus plumas, por lo que no podría sobrevivir mucho tiempo solo en el mar. La preocupación se convirtió en una fuerte responsabilidad que reforzó su deseo de llevarlo de regreso con él a Argentina.
Comenzó a planear cómo cruzar la aduana con su nuevo acompañante, y finalmente viajó durante un rato en un microbús con el animal escondido en una bolsa. Pero no contaba con una cosa: ¡El pingüino desprendía un intenso olor a guano (excremento de ave marina)! Así, la pasajera que viajaba junto a Michell lo veía raro, lo cual en su momento fue algo vergonzoso para él, pero ahora lo recuerda con humor. Llegaron a aduana y Tom tuvo que mentir, presentándose como experto en pingüinos, para poder pasar.
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Nueva vida en el campus
La aduana sin duda significó un reto, pero aún faltaba ver cómo se adaptaría el ave a su convivencia con el profesor. Ambos llegaron al prestigioso colegio St. George’s de Quilmes, y Tom instaló a Juan Salvador en una terraza privada junto a su oficina. Al principio, el pequeño amigo no quería comer el pescado que Tom le daba, aunque poco a poco se acostumbró, pues el maestro Michell le empujaba trozos directo en el pico.
Juan Salvador se integró por completo a la dinámica de la escuela. Con apenas 60 centímetros de altura, destacaba por su curiosidad y naturaleza amistosa.
Luz de amistad en la comunidad estudiantil
Durante aproximadamente ocho meses, Juan Salvador se convirtió en el alma del internado. No sólo fue la mascota no oficial del equipo de rugby, sino que, además, se le consideraba como una especie de “entrenador”, pues cuando se acercaba a los estudiantes y jugadores, se sentían más seguros y relajados. Su integración fue tal que incluso fue el confidente de gran parte del personal y participaba en muchas de las fiestas que organizaba Tom. Su vínculo con los alumnos quedó demostrado cuando su presencia ayudó a motivar a un joven que le tenía miedo al agua para continuar con sus clases de natación.
La historia real de Lecciones de un pingüino se desarrolló en una época en la que Argentina atravesaba tensiones políticas e incertidumbre económica, así que Tom y su ave representaban esperanza para quienes los rodeaban.
“Juan Salvador te miraba como si entendiera lo que le decías, sin importar si le hablaban en inglés o en español. Era como tener un amigo trilingüe”, le dijo Michell a La Nación.
El momento de la despedida
Tom pensó en varias ocasiones llevar a Juan Salvador a un zoológico, pero descartó la idea cuando vio las malas condiciones en las que vivían los animales ahí. También se le ocurrió que podría devolverlo a su hábitat natural, por lo que hizo un viaje en moto con su amigo en el cual se dirigieron a Punta Tombo, una colonia de pingüinos en la Patagonia. Sin embargo, la motocicleta se descompuso en medio del desierto y fue en ese momento que Michell se dio cuenta de que su travesía no había sido la mejor decisión.
Pasó aproximadamente un año de su rescate cuando, de pronto, Juan Salvador falleció mientras su humano estaba de viaje. Su deceso se dio porque dejó de comer.
Años después de la partida del pingüino, Tom cumplió la promesa que le había hecho: contar su historia. De esa promesa nació el libro de memorias The Penguin Lessons: What I Learned from a Remarkable Bird, que se publicó en 2015. Ahora, esta historia llegará a la gran pantalla, con el actor Steve Coogan como estelar.
¿Te conmovió esta improbable y tierna amistad?
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Mr. Hebert Uruguay
Es lo mejor que he visto después de La Sociedad de los Poetas Muertos. Deja mensajes que se introducen en tu alma. Basta despojarse de ideologías para poder ver una película orientada en los años 70 y algo en Uruguay y Argentina. Es una película que bien valdría la pena ver con alumnos de bachillerato. Recomiendo llevar un pañuelo.