Brujas, vampiros energéticos y familias racistas causaron más de una pesadilla.
Drácula, Regan, Michael Myers… El cine de terror nos ha dado grandes y muy escalofriantes personajes, muchos de los cuales siguen habitando en las pesadillas del público hasta nuestros días. Pero los miedos no terminan, sino que continúan expandiéndose. Prueba de ello ha sido un pesadillesco siglo XXI que ha dejado historias memorables, pero también algunas de las figuras más perturbadoras de todos los tiempos. Basta rememorarlas con una imagen o incluso un sonido para estremecernos.
A continuación, conoce a los personajes y villanos de terror más escalofriantes en lo que va del siglo XXI, enlistados en orden cronológico para recordar el paso del tiempo y nuestros horrores. ¿Se atreven a leer esta lista?
Tabla de contenidos
- 1 Samara (El aro, 2002)
- 2 Billy (Saw, 2004)
- 3 Sam (Trick ‘r Treat, 2007)
- 4 Esther (La huérfana, 2009)
- 5 Annabelle (El conjuro, 2013)
- 6 The Babadook (The Babadook, 2014)
- 7 Black Phillip (La bruja, 2015)
- 8 Valak (El conjuro 2, 2016)
- 9 Art the Clown – (Terrifier, 2016)
- 10 La familia Armitage (¡Huye!, 2017)
- 11 Pennywise (Eso, 2017)
- 12 Rose the Hat (Doctor Sueño, 2019)
- 13 El Raptor (El teléfono negro, 2022)
- 14 La Entidad (Sonríe, 2022)
- 15 La tía Gladys (La hora de la desaparición, 2025)
- 16 Autor
Samara (El aro, 2002)
Los primeros años del siglo XXI merecen ser catalogados como la edad de oro de los yūrei. Después de todo, fue en esta época cuando los espectrales protagonistas de toda clase de leyendas y pesadillas japonesas saltaron de lleno a territorio occidental en numerosas películas niponas, así como en una amplia gama de reinvenciones hollywoodenses. De entre todos estos títulos, ninguno tan popular como El aro, cuyo éxito se debió en buena parte a Samara Morgan.
La niña maldita tiene poco tiempo en pantalla, pero más que suficiente para un altísimo impacto, al encabezar dos de las secuencias más brutales en toda la historia del cine. La primera es el infame video maldito que desata la maldición, mientras que la segunda es el castigo a todos aquéllos que osaron profanar su descanso.
Hoy día, este último tiene un carácter mítico en el imaginario colectivo, con la pequeña emergiendo del pozo que la vio morir, reptando lentamente al exterior de la pantalla y acercándose hasta que su largo cabello negro nos permite ver el odio con el que mira a su víctima. ¿O será que realmente nos contempla a nosotros? Sea cual sea la respuesta, es difícil permanecer impasible ante una televisión después de verla.
Billy (Saw, 2004)
No todos los muñecos escalofriantes han de ser malditos. Tal es el caso de Billy, cuya perturbadora apariencia refleja perfectamente la mente de su creador John Kramer, mejor conocido por los amantes del género como Jigsaw. Su apariencia blanquecina, complementada por sus rojas mejillas en forma de espiral ya es suficientemente pesadillesca, y aun así se potencia con elementos complementarios.
Entre ellos está su atuendo, que distorsiona la ya temible imagen de la marioneta convencional, el chirrido de su bicicleta con la que se acerca a sus víctimas, y la grave voz con la que les informa todos los detalles de su peculiar juego del miedo. Un símbolo de muerte y dolor, pero también de complejidad humana, con castigos dirigidos a personas tan moralmente cuestionables que en ocasiones resulta fácil preguntarse si merecen lo que les está pasando. He ahí la grandeza y la ironía de este personaje.
Sam (Trick ‘r Treat, 2007)
La Navidad tiene a Santa Claus y la Pascua al Conejo, ¿pero qué hay del Halloween? Esta fue la premisa que motivó a Michael Dougherty a la creación de una figura emblemática para la Noche de Brujas. Una capaz de plasmar su imagen actual, pero sin descuidar sus propiedades ancestrales. Fue así como nació Sam, un pequeño cuya enorme cabeza y pequeña estatura le dan una apariencia frágil e inocente, como si de un niño disfrazado se tratara.
Nada más equivocado, pues debajo del manto se oculta una lúgubre entidad que no vacilará en castigar con dureza a todo aquel que rompa las reglas de la oscura celebración. Debutó en modalidad animada en el cortometraje Season’s Greetings a cargo de Michael Dougherty y su altísima popularidad no tardó en llevarle a la acción real para Trick r’ Treat. Hoy puede presumir una importante base de aficionados que esperan ansiosos su regreso para una secuela que lleva varios años en preproducción.
Esther (La huérfana, 2009)
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Lo que hace a Esther una villana tan formidable es su habilidad para manipular a todos a su alrededor. Desde el principio de la película, la vemos comportándose como una niña dulce, frágil y artística. Se gana la confianza de sus padres adoptivos, Kate y John, y de su hermano Daniel. Sin embargo, poco a poco, comienza a mostrar un lado oscuro, sembrando discordia y causando accidentes que parecen inocentes.
El gran secreto de Esther, revelado cerca del final de la película, es lo que la eleva a la categoría de los grandes villanos. Descubrimos que no es una niña, sino una mujer de 33 años con una rara condición hormonal llamada hipopituitarismo que detuvo su crecimiento. Su verdadera identidad es Leena Klammer, una paciente de un hospital psiquiátrico que escapó y se hizo pasar por una niña de 9 años. Este giro es brillante porque redefine todo lo que hemos visto: las manipulaciones, los celos y los ataques no vienen de una niña perturbada, sino de una adulta malévola que planea asesinar a su nueva familia.
Annabelle (El conjuro, 2013)
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La historia del cine está plagada de personajes secundarios que terminan robándose una película y aun así nada nos preparó para el fenómeno Annabelle. La muñeca maldita que protagonizó el más famoso expediente Warren tuvo una brevísima aparición en El conjuro, al grado que su única función fue introducirnos con los demonólogos. Esto no le impidió robarse nuestro interés y dicho sea de paso, nuestro sueño.
El interés generado por la figura le llevó a protagonizar su propio spin-off que terminaría convirtiéndose en toda una trilogía. Más interesante fue el formato, pues la ansiedad del público por conocer los orígenes del mal que le habitaban tras la perturbadora sonrisa resultó en dos precuelas que imaginaban los inicios del mal.
La tercia fue completada con una secuela que desafió todos los límites metanarrativos para un divertido y escalofriante monster mash. Hoy día, Annabelle se merece un lugar de honor entre los juguetes malditos de todos los tiempos, mientras que su tagline “me gustan tus muñecas” se ha posicionado entre las frases más reconocidas por los amantes del género.
The Babadook (The Babadook, 2014)
Una presencia malévola que aqueja a una familia, un niño y su madre, que aún lamentan la pérdida del padre. Puede sonar como algo sencillo, incluso primario, cuando lo cierto es que su construcción simbólica es tan potente que ha abierto el camino a toda clase de interpretaciones.
Las más recurrentes lo convierten en una metáfora del conflicto interno que aqueja a la mujer y que debe superar para cuidar adecuadamente de su hijo, pero también en un referente de la comunidad LGBTQ+ al tratarse de un personaje cuya naturaleza provoca miedo y nerviosismo inicial en la familia, hasta que ésta termina por aceptarlo como lo que es. Una doble visión que la concede un alto impacto social, pero para nada reduce los miedos mientras disfrutamos de la película.
Black Phillip (La bruja, 2015)
El demonio ha sido un protagonista recurrente del cine de terror, con encarnaciones variadas que han ido de la imagen convencional (Leyenda) a la mofa (El hijo del diablo), y sin olvidarse de la usurpación de la pureza (El exorcista) ni la tentación (Al diablo con el diablo). Todas relevantes en mayor o menor medida, pero ninguna tan refinada como Black Phillip en La bruja. La ópera prima de Robert Eggers no sólo aprovecha la imagen del macho cabrío que simbolizará al mal por generaciones, sino que lo aprovecha para plasmar los peores miedos de la sociedad contemporánea con una cruenta exploración del viejo puritanismo americano.
Tiene una participación mínima pero inolvidable, que inicia con una serie de saltos despavoridos que suscitan las primeras sospechas demoníacas en el público, continúa con un brutal ataque y culmina con un perturbador diálogo fuera de cámara cuya frase climática bien merece un lugar de honor en la historia del género: “¿te gustaría vivir deliciosamente?”.
Valak (El conjuro 2, 2016)
James Wan ha reiterado hasta el cansancio que, si bien Valak es mencionado en numerosos textos bíblicos, el demonio no tuvo absolutamente nada que ver con el caso Enfield de la vida real. Es una adición desde el terreno de la ficción para enaltecer el tercer acto y vaya que lo logró, aumentando el terror del público hasta el extremo. Sensaciones atribuidas a la temible apariencia de la criatura, enaltecidas además por una vestimenta de monja que resulta en una profanación del bien y lo sagrado.
Fue derrotada por los Warren, pero su impacto le hizo protagonizar su propio spin-off. En este conocimos su historia de origen y su cruento vínculo con Ed y Lorraine. Todo le convirtió en un personaje clave para la expansión del Warrenverse que conocemos en la actualidad y que tantas noches de sueño nos ha arrebatado.
Art the Clown – (Terrifier, 2016)
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A diferencia de otros villanos que tienen motivos claros, Art parece matar y torturar solo por diversión, sin ninguna razón aparente. No habla ni emite sonidos, lo que hace sus acciones aún más inquietantes. Además, su apariencia, un payaso de aspecto sucio y clásico con una sonrisa macabra y ojos fríos, es la combinación perfecta de lo familiar y lo extraño. Los payasos ya son personajes que causan cierta incomodidad en muchas personas, y Art lleva esa idea al extremo.
No se parece a los villanos modernos, es un antagonista simple, pero efectivo. que confía en el horror visceral y en escenas de violencia muy gráficas para generar miedo. El hecho de que sea casi invulnerable y siempre regrese, sin importar cuánto daño reciba, lo convierte en una fuerza aterradora.
La familia Armitage (¡Huye!, 2017)
El terror en estos seres no se basa en lo sobrenatural, sino en un horror que podría existir en la vida real. A diferencia de un fantasma o un monstruo, su malicia es un reflejo de prejuicios y explotación. Son una familia que parece inofensiva y amable en la superficie, pero en lo profundo esconden una enorme dosis de racismo que disimulan bastante bien.
Su plan es aprovecharse de la gente negra para robar sus cuerpos y darles una segunda vida a personas mayores y enfermas. Esto transforma una historia de tensión social en un relato escalofriante. El miedo no está en lo que no puedes ver, sino en lo que esconde esta familia aparentemente perfecta, y que consigue atraer a sus víctimas sin ningún problema.
Pennywise (Eso, 2017)
Stephen King es amo y señor del terror literario, y aunque algunos de sus títulos más destacados saltaron a la pantalla en los 80 y 90, el siglo XXI resultó en toda una explosión de sus horrores. Pero si hubo un personaje que los plasmó fue Pennywise, más que un simple payaso tenebroso, una auténtica encarnación del mal. Su hazaña tiene muchísimo mérito, pues compitió con la miniserie noventera encabezada por un Tim Curry que todavía habita en nuestras peores pesadillas.
El éxito de la reinvención se debió al buen trabajo de Bill Skarsgård, pero también a la atinada construcción del llamado Club de los Perdedores tanto en su versión juvenil como en la adulta. Una alianza sustentada en la amistad, la lealtad y la necesidad de apoyo mutuo que plasmó perfectamente una de las premisas más básicas en la obra de King. La única manera de vencer al mal es con el bien.
Rose the Hat (Doctor Sueño, 2019)
No es un fantasma o un monstruo que aparece de la nada; es la líder carismática de un culto que se alimenta con la energía psíquica de los niños, a quienes llama “el resplandor”. Su maldad es calculada, y lo más perturbador de todo, es que tiene una lógica retorcida. Ella genuinamente cree que sus actos son necesarios para sobrevivir, y esa convicción es lo que la hace tan escalofriante.
Su obsesión por sobrevivir y la desesperación por mantener su poder la empujan a cometer actos cada vez más crueles. De hecho, rumbo al final es una antagonista casi invencible. Puntos extra por la interpretación de Rebecca Ferguson, quien se luce con un look peculiar y verdadera maldad.
El Raptor (El teléfono negro, 2022)
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A diferencia de monstruos o fantasmas, este personaje es simplemente un ser humano, un secuestrador y asesino en serie de niños. No tiene poderes sobrenaturales, pero sí una máscara icónica que lo hace perturbador. Su apariencia es la de un hombre común y corriente, lo cual le permite infiltrarse en un barrio y en la vida de sus víctimas sin levantar sospechas. Básicamente, un miedo muy real para cualquier persona.
En lugar de confrontar físicamente a sus víctimas, las manipula psicológicamente, creando un ambiente de tensión. El Raptor no necesita estar en pantalla para sentirse su presencia. La casa, el sótano y el teléfono negro se convierten en sus extensiones, herramientas que usa para controlar y aterrorizar a su víctima. La gran actuación de Ethan Hawke logró crear un ícono para los tiempos modernos, y dio pie a una nueva franquicia.
La Entidad (Sonríe, 2022)
Este demonio es aterrador porque parece una enfermedad o maldición de la que nadie se puede ocultar. Se transmite de persona a persona después de un evento traumático, y su terror no es solo para la víctima, sino también para quienes la rodean. Se alimenta de la desesperación y el sufrimiento de sus víctimas, lo cual la convierte en una representación de nuestros peores miedos.
Más espeluznante aún es que no tiene una forma física fija: puede aparecer como cualquier persona, incluso como alguien en quien confías. El terror no solo está en ver a la criatura, sino en la incertidumbre de si la persona que tienes al lado es real o no. Como metáfora de los traumas es aún más estremecedora, pues su intención es consumir el alma de las víctimas. Lo que verdaderamente da miedo es cómo representa nuestros propios demonios internos.
La tía Gladys (La hora de la desaparición, 2025)
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Si algo nos vendió esta película, fue el misterio. La trama nos presentó a 17 niños desaparecidos a las 2:17 am, y ni una sola pista para entender qué pasó con ellos. Detrás de todo se encuentra Gladys, la tía del único niño en su salón de clases que no desapareció. Esta es una bruja capaz de todo para recuperar su fuerza vital, incluso si eso significa poseer las almas de los pequeños para alimentarse de su energía.
Con pocos días de existencia en la pantalla grande, Gladys se ha convertido en un nuevo ícono del terror y la maldad. A primera vista, parece una mujer mayor, amable y bondadosa, la típica “tía” que todos desearían tener. Este contraste entre su fachada y sus verdaderas intenciones es lo que la hace tan inquietante. Entre grandes capas de maquillaje, una peluca colorida y dosis de humor negro, ya hay quienes piden que Amy Madigan sea nominada al Oscar como Mejor actriz de reparto.
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