Natalia Solián regresa al terror con Tormento, la película que marcó su reconciliación con el género y con sus propios demonios.
Después de que Huesera se convirtió en un fenómeno del cine independiente mexicano, Natalia Solián no dejó de recibir propuestas para protagonizar más películas de terror. Pero ella se resistió.
“Me peleaba mucho para no ser la actriz de las películas de terror mexicanas”, recuerda la intérprete egresada de la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA, que mientras tanto participó en proyectos de cine y streaming.
Todo cambió cuando llegó el guion de Tormento y junto con él, el irresistible y carismático director y locutor radial Olallo Rubio.
“Olallo tiene un mundo interno muy particular, además de que es muy simpático y muy seductor con sus ideas”, recuerda entre risas Natalia, quien casi sin darse cuenta, aceptó un proyecto que implicaba no dormir durante casi un mes, pues el rodaje se realizó en gran medida durante la noche.
“Olallo me la vendió súper bien. Es una persona muy inteligente y persistente, lo insertó en mi inconsciente, hasta que le dije que sí”.
“Creo que me pateó el ego de decir: lo vamos a hacer muy bien aunque parezcan las condiciones menos adecuadas, pero también resultó fascinante descubrir una persona así y crear algo junto con una mente que está tan paseada por distintos universos”, añade la actriz, quien en la cinta interpreta a Brenda, una guardia de seguridad exhausta que es transferida a una morgue y en su primera noche se da cuenta de que las sombras y el silencio ocultan una pesadilla de la que quizás no hay retorno.
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“La culpa es un motor muy interesante para construir un personaje, es como una humedad que entra y va pudriendo lo demás. Es algo muy incómodo y algo de lo que es muy difícil salir”.
“Mi personaje trae arrastrando un evento que le causa mucha culpa y que carga de su vida familiar. Y todo colapsa cuando entra a su nuevo trabajo, que hacen que se manifiestan esos demonios y esas pesadillas que lleva dentro”, agrega Natalia, quien confiesa que empatiza con la “intensidad” de su personaje.
“Yo soy intensa, lo confieso. Además, por mi temperamento me viene bien usar tonos altos de expresión. Me gusta”.
“A veces no la paso tan bien, pero cuando veo el resultado digo: ‘valió la pena'”.
El resultado de ese esfuerzo llega a las pantallas, gracias al estreno nacional de Tormento, la película con la que Natalia se reconcilió con el género de terror.
“Antes me peleaba mucho para no ser la actriz del cine de terror mexicano, pero ahora quisiera asumirlo y direccionarlo”.
“Es como a quien le gusta filmar comedia. A mi me gusta el horror y me podría quedar ahí muy a gusto, porque tiene la capacidad de decirnos muchas cosas de forma poco literales y sus metáforas muchas veces son más poderosas que las discursivas. Y eso como actriz me atrae mucho“, añade Natalia, quien antes de despedirse nos comparte un poco de las experiencias sobrenaturales que ha experimentado:
“Yo sí he visto cosas… sobre todo filmando tanto en esos ambientes de terror. Si, me han tocado un par de acontecimientos que digo: ‘¡Órale!'”.
“Pero también creo mucho en Dios, sobre todo en la Virgen, soy una persona muy creyente. Lo tengo en la sangre”, finalizó Natalia, quien hace unas semanas presentó Oca, de Karla Badillo en el Festival de Toronto.
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