Para el director, esta es una historia de humanidad y reflexión.
Hablar de la violencia siempre suele remitirnos al dolor y el odio. En un mundo lleno de conflictos y distantes visiones socioculturales, el entendimiento parece cada vez más difícil. Y claro, las heridas son más complejas de sanar. Ese es el génesis con el que Pierre Saint-Martin, director de cine mexicano, quiere abrir una nueva discusión con las cicatrices del pasado en su ópera prima. No nos moverán es su historia “con tintes biográficos” que, entre la fábula y la comedia, explora la psicosis humana.
La película cuenta la historia de Socorro, una mujer mayor de edad que, en la actualidad, tiene una misión inapelable: vengar a su hermano. Coque falleció en el movimiento estudiantil del 68, también conocido como la M4s4cr3 de Tlatelolco. Cuando la madre descubre el nombre del militar que se encargó de arrebatarle a su persona más querida, inicia un plan ridículo y voraz en el que el odio y el dolor solo llevarán a una pregunta: ¿justicia o venganza?
Paloma & Nacho tuvo la oportunidad de tener una plática amena y larga con el director. Ahondando en los matices de su historia, pudimos conocer la gran verdad que hay detrás de No nos moverán.
Tabla de contenidos
Una historia que viene de la pertenencia al dolor
Saint-Martin inició confesando que, por más inesperado que parezca, la historia de Socorro es una de las expresiones más personales de su vida. Aunque no vivió la perdida de un familiar a base de las fuerzas militares de la época, sí tiene una relación de identidad con aquel año. Su tío, Jorge Castellanos, quien es “una de las personas a las que dedico la película”, falleció en el 68. Para su familia, este fue un determinante que lo cambió todo. Su mamá quedó “muy herida” y él aprendió lo que significa el dolor de la pérdida desde pequeño.
Sumado a esto, una mítica imagen, que para muchos pasaría desapercibida, despertó su interés por hablar de ese sentimiento de tristeza, de culpa, de impotencia y de lástima por perder a alguien.
“[Mi tío] falleció a los 17 años. Era como una cosa muy fuerte para todos, y yo heredé eso. Después también, cuando crecí, fui investigando [sobre el movimiento]. Conocí el libro de Elena Poniatowska: La noche de Tlatelolco, donde hay una fotografía en blanco y negro en la que hay 2 militares sometiendo a un estudiante. Me impactó mucho porque yo era joven, era estudiante cuando descubrí ese libro. No sé, me dio miedo. Me pareció muy extraño ver esa fotografía y que los militares estuvieran sonriendo. Y pensé también que esa persona que estaba sometida, tal vez, era el retrato familiar de alguien, que iba a ser la última vez que iban a ver esa fotografía”, explicó en la entrevista.
Lo cierto es que hablar de las reminiscencias que dejó un golpe tan fuerte como el de Tlatelolco es un dialogo que siempre se hace más extenso. Desde lo histórico, lo político y hasta lo mediático, es un tema que hunde mucho hacia la opresión gubernamental de la fecha. Sin embargo, también hay un foco que, por más natural que parezca, es uno de los menos explorados: el lado humano. ¿Qué pasa con las personas que perdieron a alguien en el movimiento? ¿Dónde están ahora? ¿Cómo lidian con la pérdida? ¿Qué pensarán los militares de ese año sobre las incidencias transgeneracionales que dejaron sus actos?
Pierre eligió hablar del dolor contemporáneo y su idea solo se reafirmó a raíz de las causalidades de la vida. Nos contó que, aunque tuvo la idea de contar esta historia, en sus principios como un cortometraje dramático, hubo un hecho que lo motivó a perseguir esa necesidad de explorar el duelo. Cuando hizo un cortometraje conmemorativo para el 50 aniversario de la M4s4cr3 de Tlatelolco junto a Julián Fernández, conoció la historia de Ofelia Murrieta, una artista plástica y exmilitante de la lucha que, con su experiencia, lo impulsó aún más para seguir sus instintos de cineasta.
La mujer perdió a una amiga suya en el 2 de octubre de 1968. Desde entonces, atravesó un fuerte dolor que sólo se apaciguó con la llegada de la empatía:
“Ella sí era militante, con su esposo, y falleció una amiga suya. Ella vio al granadero que la mató y se le quedó grabado ese rostro. Y después de muchos años, se lo encontró. Tenía pesadillas y sufría mucho por eso, pero después de muchos años lo encontró en Oaxaca. Él estaba en un estado ya un poco de demencia, vivía en la calle. Entonces ella, se compadeció del suceso, de lo que le había pasado, y pudo cerrar esto sin ni siquiera hablar con él. Entendió la humanidad de él, de alguna forma, en tiempo pasado. Eso me comunico mucho. Me dio una especie de luz verde para decir: ‘lo que yo estoy pensando no es nada más una idea, es algo que le pasó a alguien’”.
Hablar del dolor a través de la risa
¿Cuál es la mejor forma de explorar el peso de la pérdida? Para muchos sería una apología al significado de la vida y una dura exploración de las etapas del duelo, pero para Pierre, la respuesta llegó a través de otra persona: su madre.
Con su pasado familiar y la retroalimentación de su coguionista, Iker Compeán, Saint-Martin encontró la forma perfecta para reflejar su mensaje: la comedia. Socorro, a quien interpreta Luisa Huertas en su primer protagónico, es la vivida encarnación de la esencia de su madre. El director contó que la imagen de esta mujer excéntrica, sin filtros y muy aguerrida a la justicia, es un retrato ficticio de todo lo que representa la persona que lo crio.
“Mi madre también es abogada. Casi toda la película tiene tintes biográficos y algunas cosas de ficción”, dijo el director a Paloma & Nacho. “Ella tiene un gran sentido del humor, sarcástica, irónica, un poco buller, ¿no? pero al mismo tiempo le gusta ayudar a las personas.”
Para Pierre, el contraste entre la vulnerabilidad y la fuerza lo llamó. Aquella enseñanza para “ver a las personas así, en su abanico completo”, lo hizo preguntarse “por qué alguien es así”. Incluso, llevandolo a tiempos actuales:
“¿Por qué Trump es así? ¿no? En vez de decir que es un monstruo o lo peor que nos puede haber pasado, digo, ¿por qué será así? Me llama la atención. Muchísimo”, expresó.
El brillo y la honestidad de Socorro, aún en sus momentos más afligidos, son una exploración poco usual, pero genuina por entender al ser humano. Cómo es que, aunque algo duele, puede vivirse entre risas. Lo cierto es que No nos moverán se vuelve un retrato sobre cómo la tragedia y la sátira están más cerca de lo que parece.
“Siento que la relación de la comedia nos permite darnos cuenta de lo estúpidos y ridículos que somos para muchas cosas, y poder comprenderlo desde una perspectiva distinta (…) queremos hacer como una fábula, una sátira acerca del sentimiento de venganza, que me parece que es lo más humano y lo más regular que existe”, nos dijo.
No nos moverán: Una reflexión humana
Sin contar mucho sobre la película, podemos decir que No nos moverán es un cuadro a blanco y negro que también explora los matices grises de la sociedad. Su historia, para muchos, puede parecer una lucha entre “el bien” y “el mal”, pero en su mero núcleo no trata de eso. El gran plan de Socorro deja entrever lo subjetivo de la vida. Entre el dolor y la violencia, habla sobre cómo hay humanidad aún en los actos más cancelables.
Una de las películas que resuena con los personajes, Socorro, Sidarta, el militar y más, es Las reglas del juego, del director francés Jean Renoir. En ella, contó Pierre, hay “personajes viciosos, egocéntricos, frívolos, arribistas” que, por más ruines que parezcan, no impiden que simpatices con ellos, porque “son como nosotros”. Y ese es exactamente parte del mensaje que el director quiere explorar en su ópera prima.
“Jean Renoir decía: ‘yo hago películas porque pienso que todos tienen sus razones’, y a mí me encanta esa idea. La idea de ‘todos tienen sus razones’ me ayuda a entender un poco más todo, hasta las atrocidades y las cosas horribles que son muy difíciles de comprender”, explicó. “Aun así, esas están hechas por humanos. Y si somos humanos, entonces estamos relacionados con ellos, y si estamos relacionados con ellos, entonces podremos comprender”.
Con claridad, el director afirmó que su historia no busca “justificar los hechos” de nada. Más bien se trata de “comprenderlos para ver de dónde vienen” y que “no sucedan otra vez”.
En una época en la que las divisiones y los conflictos políticos y económicos cambian al mundo sin cesar, Saint-Martin cree que la gran fábula que vive Socorro es una interpretación que puede abrir la conversación sobre qué puede cambiar, qué puede mejorar o cómo sucedió algo.
“La relación que creo que tiene la película con lo que está sucediendo [en el mundo] es tratar de comprender al otro sin que esto justifique las ofensas y los dolores que provoca. Eso es un acto de responsabilidad donde una persona tiene que responder a la situación, sea benigno, sea maligno, para bien o para mal. Es lo que yo trato siempre como de apelar.”
No nos moverán carga con una exploración tan divertida como clínica sobre lo que significa sentir odio por alguien y qué es lo que motiva nuestras intenciones en la vida. Y claro, también es un inapelable estandarte para reconocer y ahondar en aquellos familiares que perdieron a alguien en esa lucha en Tlatelolco, hace 57 años.
Para entender claramente el fin de su historia y esa sensación de impotencia y duelo, Pierre y su equipo se enfrascaron en una gran investigación. Con entrevistas a militantes, profesores y hasta elementos de seguridad policial, indagaron en las múltiples huellas que dejó la M4s4cr3 de Tlatelolco.
“A mí lo que me importaba más es que sentía que ya se había trabajado mucho el lado histórico, y a mí me interesaba más el lado humano, el lado personal, el lado familiar”, expresó el director para cerrar la entrevista.
La ópera prima de Pierre Saint-Martin se perfila para ser uno de los filmes mexicanos más galardonados del año. Actualmente, cuenta con 15 nominaciones a los premios Ariel 2025.
No nos moverán está por llegar a los cines el próximo 24 de julio del 2025. Disfrutala en Sala de Arte Cinépolis, y compra tus boletos aquí.
Descarga la app de Cinépolis y consulta la cartelera, horarios, estrenos, preventas y promociones que tenemos para ti.


