Una nueva mirada a la literatura de Mariana Enríquez. Una entrevista exclusiva con Fernanda Echevarría, Silvia, en La Virgen de la Tosquera
Una nueva mirada a la literatura de Mariana Enríquez llega a cines con La Virgen de la Tosquera. Para quienes nunca antes han escuchado sobre la escritora argentina, es la oportunidad de conocer, a través de la adaptación de dos cuentos de su libro Los peligros de fumar en la cama, por qué ha fascinado con un universo donde el miedo nace de lo cotidiano, de los cuerpos y de los espacios marcados por la historia.
La Virgen de la Tosquera trata sobre un grupo de adolescentes que, durante un verano sofocante en la periferia de Buenos Aires, se reúnen en una tosquera abandonada —un pozo de extracción de tierra lleno de agua— para escapar del calor y del encierro. Sin embargo, cuando una mujer mayor se integra al círculo, Silvia (Fernanda Echevarría), altera la dinámica del grupo provocando celos y envidia por gustarle a Diego, el crush de infancia de las otras chicas, pero sobre todo de Natalia.
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La crisis de 2001 como “escenario de terror”
Tras su paso por festivales como Sundance, la directora Laura Casabé conversó con Tiempo Argentino sobre cómo consolidó esa mirada propia sobre la Argentina contemporánea, ya que no es casualidad que la historia ocurra en 2001:
“La historia argentina se repite como una película de terror… Queríamos retratar la precariedad absoluta, el desempleo y la exclusión que marcaron esa época”.
Aunque en la película no se retratan de forma explícita algunos de los hechos que marcaron la profunda crisis financiera y social de ese año —como las medidas de los bancos que impidieron a la población retirar su propio dinero, conocidas como el corralito, o la renuncia del presidente Fernando de la Rúa—, sus efectos se perciben en el paisaje de la periferia, atravesado por el abandono, la precariedad y la falta de oportunidades propias de ese contexto, pero aún más importante, impacta en la psique de sus personajes.
Las tres Silvias
Los cuentos de Enríquez están contados en primera persona desde el punto de vista de Natalia, quien retrata todo lo que Silvia representa para ella: una mujer mentirosa, que siempre busca mostrar que ella ha vivido y tiene más experiencia que el resto y quien impide cumplir su anhelado romance con Diego. Sin embargo, así como Laura Casabe le dio una nueva mirada a la historia, también existen tres Silvias:
“Todo está narrado en primera persona desde el punto de vista de Natalia. Por eso, al principio, no hubo una idea inmediata de cómo construir a Silvia ni de cómo verla como personaje. Después vino la lectura del guion, donde aparece otra Silvia, distinta a la del cuento. Y finalmente está la Silvia que yo iba a interpretar, que tampoco tenía del todo clara desde el inicio: ni quién era, ni cómo iba a ser, ni cómo iba a construirse”, nos contó Fernanda Echevarría, actriz mexicana que se adentró en esta coproducción entre Argentina, México y España.
Además, Echevarría enfrentó el reto de actuar en otro idioma.
“Le digo idioma con muchísimo respeto a lo que es el acento de cada país y de cada región. Porque imitar, todos imitamos, y muchas veces lo hacemos mal; también nos imitan a nosotros de forma pésima. Pero cuando te detienes a cambiar la música, la fonética y la técnica gramatical, ya no es solo un acento: es un idioma”.
No fue el único reto. Tal y como lo comentó la directora Casabé, el contexto influyó en la psique de sus personajes y Echevarría lo tenía claro para crear su propia visión de Silvia:
Primero tuve la necesidad de investigar lo más posible cómo era la Argentina de ese momento: ver si había algo con lo que pudiera identificarme y, sobre todo, entender qué significaba ser una chica de esa edad en ese contexto específico. Pensar en las herramientas de comunicación que existían entonces, en las dinámicas familiares, en la falta de luz, de dinero, de información, de educación y también en las carencias afectivas y sexuales.
La Tosquera como espacio de fuga
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La tosquera se construye como un espacio al que los personajes llegan por necesidad. “Chicos buscando desesperadamente dónde refrescarse, sin dinero para una alberca”, explica Echevarría. Ante el calor sofocante y el encierro, ese pozo abandonado se vuelve una opción lógica para pasar el verano.
Pero no es solo un lugar físico. “Ese entorno ya era, en sí mismo, otro personaje”, señala la actriz. La tosquera concentra el deseo de salir de casa, de reunirse con otros, de escapar, aunque nadie sepa con certeza a dónde conduce ese sitio ni quién es realmente la mujer que los acompaña.
En La Virgen de la Tosquera, ese espacio conecta las distintas historias que conviven en la película. Como explica la actriz, Silvia funciona como el hilo que las une y las empuja hacia un desenlace común. Una mirada que, desde la voz de Fernanda Echevarría, permite entender cómo el universo de Mariana Enríquez se traduce al cine y cómo lo cotidiano se transforma en una experiencia inquietante.
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