El director y el elenco revelan cómo Beso de tres redefine los triángulos amorosos en el cine moderno
Nada mejor que el cine para explorar los vínculos humanos en todas sus formas, sobre todo aquellos que desafían las normas tradicionales del amor. A lo largo de la historia del séptimo arte, los triángulos amorosos han sido un espejo de nuestras contradicciones: deseo, lealtad, culpa y libertad. En ese contexto llega Beso de tres, una comedia romántica que ofrece un retrato honesto —y sorprendentemente tierno— sobre lo que ocurre cuando los límites del afecto se desdibujan.
La película presenta a Olivia (Zoey Deutch), Jenny (Ruby Cruz) y Connor (Jonah Hauer-King), tres jóvenes que deciden compartir un momento íntimo y que meses después descubren que sus vidas quedarán entrelazadas para siempre: ambas mujeres están embarazadas, y el padre es el mismo. Desde ese punto de partida, Beso de tres se convierte en un relato sobre cómo el amor y la responsabilidad se redefinen en un triángulo que nadie planeó, pero todos deben aprender a sostener.
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La clave del humor y la empatía
El director Chad Hartigan explica que su intención no era sólo provocar risas, sino abrir una conversación sobre los afectos múltiples y la madurez emocional:
“Pensé: ‘Aquí hay una oportunidad para hacer una película que sea puro entretenimiento y que deje al público sintiéndose bien, pero que también permita adentrarse en las emociones humanas, que es en lo que siento que soy mejor’. Quería hacer algo dentro de este género, pero más maduro y con sustancia”, nos contaron en exclusiva en P&N.
Hartigan, conocido por su sensibilidad para retratar vínculos complejos (Morris From America, Little Fish), ve en este triángulo una oportunidad para hablar de amor sin juicios. Según él, “los triángulos amorosos no son sólo conflictos románticos; son mapas de las decisiones que tomamos cuando todos los caminos parecen correctos y dolorosos al mismo tiempo”.
Una tradición cinematográfica que evoluciona
Desde Design for Living (1933), de Ernst Lubitsch, el cine ha usado los triángulos amorosos para reflejar tensiones entre deseo y moral. En aquella cinta, una mujer y dos hombres vivían un acuerdo sentimental tambaleante bajo un mismo techo. Lubitsch utilizó la comedia para evidenciar cómo la sociedad juzga la libertad emocional.
Beso de tres retoma ese legado, pero desde una óptica contemporánea. Aquí, el conflicto no radica en la infidelidad, sino en la posibilidad de construir una familia fuera de los moldes tradicionales. Las tres partes del triángulo —Olivia, Jenny y Connor— se enfrentan al reto de entender qué significa amar, compartir y ser responsables de las consecuencias.
La actriz Zoey Deutch comenta:
“No es divertido interpretar a alguien que se mueve por la vida con facilidad y confianza. Quieres ver a alguien luchar, experimentar lo que significa ser humano. En este caso, Olivia no sólo se debate entre el amor y la amistad, sino entre quién quiere ser dentro de este triángulo que cambia todo lo que creía saber sobre sí misma”.
Voces que rompen esquemas
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El filme también se inscribe en la línea de obras que han abordado triángulos amorosos con matices más allá del melodrama: Jules y Jim (1962), Bob, Carol, Ted y Alice (1969), She’s Gotta Have It (1986), El profesor Marston y la Mujer Maravilla (2017) o Desafiantes (2024). Todas exploran la posibilidad de amar a más de una persona sin que eso implique traición.
Para Hartigan, ese tipo de historias “invitan a mirar de frente la confusión emocional sin necesidad de resolverla”. En su visión, Beso de tres no busca dictar lo que está bien o mal, sino mostrar cómo tres personas navegan la intimidad con honestidad y torpeza.
Zoey añade:
“Ella no siempre dice lo que quiere decir, y tengo empatía por eso. Recuerdo haberme comportado así cuando era más joven. Me gustó abordar este personaje desde un lugar donde entiendo esa confusión: cuando no sabes si amar a alguien te completa o te divide”.
El director complementa:
“Desde que me uní al proyecto, trabajamos para que cada personaje fuera tan complejo como pudiera ser. Quería que el público entendiera las motivaciones de todos, incluso si no está de acuerdo con ellas. Eso es lo que hace interesantes los triángulos amorosos: todos tienen razón, y todos se equivocan al mismo tiempo”.
Un espejo de las relaciones modernas
En una época donde los vínculos se redefinen constantemente, Beso de tres retrata cómo el amor contemporáneo ya no se mide por posesión o exclusividad, sino por comunicación, empatía y autoconocimiento. El triángulo que da nombre a la película no es una anécdota provocadora, sino una metáfora de los dilemas afectivos actuales.
Como bien concluye Zoey Deutch:
“Creo que mucha gente se sorprende de lo profunda que es cuando la ven. Es una película sobre el amor, pero también sobre la aceptación de que a veces amamos de formas que la sociedad todavía no entiende”.
Con esa sinceridad y humor, Beso de tres se suma a las películas que desafían las estructuras románticas clásicas, recordándonos que los triángulos amorosos, más que enredos, son reflejos del caos —y la belleza— del amor en el siglo XXI.
Esta nota es una adaptación de un artículo publicado en el #8 de Paloma & Nacho, la revista.
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