Se trata de uno de los experimentos más alocados en la historia cinematográfica
Hay películas que tardan años en producirse, otras que necesitan esperar por la tecnología o el paso del tiempo para hacerse… y luego está este proyecto: una película que ya está terminada, pero nadie en el mundo podrá ver nunca, al menos no las personas del hoy. ¿Quieres saber de qué te hablamos? Esta es la historia completa.
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La película que hará historia
En 2015, Robert Rodriguez y John Malkovich tuvieron una idea: crear una película que nadie de nuestra generación —ni siquiera sus propios creadores— pueda ver. El director de historias como como Sin City y Alita: Ángel de combate, pensó en desarrollar un proyecto independiente del que nadie sepa nada. Junto a él, se unió el actor de ¿Quieres ser John Malkovich? Para escribir un guion y contar una historia sorpresa.
Ambos fueron apoyados por la marca de coñac Louis XIII, especialista en entregar productos que viajan en el tiempo. Algunos no lo saben, pero muchas de sus bebidas requieren hasta un siglo de envejecimiento para venderse, así que se volvieron el patrocinador ideal.
Además de la participación de Malkovich, se confirmó la actuación de Shuya Chang y Marko Zaror.
La película se llamó 100 Years: The Movie You Will Never See y se filmó en el año 2015. Sin embargo, en lugar de estrenarla en cines o plataformas digitales, como haría cualquier producción común, decidieron encerrarla bajo llave por un siglo entero.
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Quizá el elemento más icónico de esta historia no es la película, sino dónde está guardada. Tras su finalización, la cinta se guardó en una caja fuerte de alta seguridad en Cognac, Francia, en la sede de la casa de coñac Louis XIII.
La caja fuerte no sólo es robusta, también tiene un sistema especial diseñado para abrirse automáticamente el 18 de noviembre de 2115, exactamente un siglo después de la conclusión del rodaje. No hay llave, no hay contraseña, ni una forma de abrirla antes de esa fecha. Todo está sellado.
Si te imaginas la escena, es casi cinematográfica por sí sola: un cubo de seguridad se vuelve un tesoro… pero en realidad, espera por revelar otro tesoro, guardado por 100 años.
¿Qué sabemos de la película?
La respuesta corta es: casi nada. Ni siquiera los actores o el director han visto la versión final completa. El guion, hasta donde se sabe, se mantiene bajo estricta confidencialidad, sin filtraciones ni avances oficiales. No hay ni un solo fotograma, tráiler o pista que revele de lo que trata.
Lo único que se publicó sobre la película se vio en 2015. Se presentaron tres teasers conceptuales, cada uno mostrando una visión distinta del futuro —una Tierra devastada por la naturaleza, otra ultra tecnológica, otra con invasiones robóticas— pero ninguno de ellos explica realmente la trama. Esto alimentó las teorías y especulaciones de los cinéfilos de todo el mundo.
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Algunos piensan que la película es un experimento artístico profundo, otros creen que es una épica de acción que revela cómo sería el verdadero apocalipsis mundial.
¿Marketing o arte?
No es sorpresa que muchos detractores digan que esto es “solo un truco publicitario”. Al fin y al cabo, 100 Years se produjo de parte de una marca de bebidas, pero algo es claro: nos tiene intrigados a todos. Es un concepto de mercadotecnia que parece una obra de arte.
Los que ven la película con ojos más optimistas aseguran que, aunque tenga motivaciones comerciales, también plantea preguntas curiosas sobre cómo percibimos el arte con el paso del tiempo. ¿Puede algo creado hoy tener sentido en un mundo completamente diferente? ¿Será una pieza valiosa para nuestros bisnietos, o simplemente un objeto del pasado? ¿Cómo cambiarán los formatos audiovisuales? Todas estas dudas flotan alrededor de esta historia.
Se espera que cuando se abra la caja fuerte, se organice una proyección exclusiva en Francia —probablemente en el mismo Domaine du Grollet donde hoy reposa— y solo los descendientes de las personas que recibieron invitaciones originales podrán asistir.
Hasta la fecha, se entregaron mil invitaciones exclusivas a mil personas de todo el mundo, pero no hay ningún nombre atado a la premiere.
100 Years nos recuerda que el arte —como un vino o una misma pintura— puede ser una cápsula que hable a través del tiempo. Quizá en 2115 la humanidad ya no use salas de cine. Tal vez no existan reproductores compatibles con la tecnología de 2015. O puede que, con suerte, generaciones por venir descifren el misterio que hoy parece casi imposible.
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