La película revolucionó con su filmación.
Amores Perros se estrenó en el año 2000, y desde ese momento hizo historia. Su brutal honestidad, sus tramas entrelazadas, la violencia y su crudeza llamaron la atención mundial. Y si hay algo que marcó a todos al ver la película, eso fue el importante papel que tienen los perritos dentro de toda la cinta. ¿Sufrieron de algún daño al grabar? No. Aquí te explicamos cómo se hicieron sus escenas.
Amores perros se llena de canes
Dirigida por Alejandro González Iñárritu, la película se convirtió en un clásico del cine mexicano moderno que no temía mostrar lo doloroso, lo contradictorio, lo humano y lo animal al mismo nivel.
Se trató de un viaje crudo y honesto en el que, entre las calles más reales de un México noventero, vemos las carencias y realidades diversas que se habitan. Una de estas, y quizá como la principal, es la de Octavio, un joven que, por azares del destino, entra a las peleas de perros junto a su mascota. A lo largo de su historia vemos muchos de los momentos más complejos de grabar con los canes, ya que hay una coordinación y trato animal para lograr cada una de sus escenas.
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Aunque no existió una norma definitiva detrás de las filmaciones, se sabe que, tan solo unos años antes del rodaje de Amores perros, el gobierno federal creó múltiples normas para el trato y atención compasivo hacia los animales. Entre ellas, leyes acerca de su movilización, sacrificio o uso en laboratorio. Es por ello que, sin duda, la película de Iñárritu no pudo más que darle una importancia vital al cuidado animal, aún con la naturaleza y pocas regulaciones que había en el cine del momento.
Creatividad y cuidado en la filmación
Sí, el cineasta rompió reglas para hacer una cinta diferente, pero en el caso de los perritos, la cosa siempre fue distinta. Estas son las técnicas que siguió para grabar cada secuencia:
- Uso de bozales transparentes
Para evitar que los perros se mordieran verdaderamente durante las escenas, se les colocaron bozales transparentes. De esta forma se mantiene la ilusión visual de agresividad, pero sin daño físico real. - Edición y montaje
Muchas de las escenas se diseñaron para que el montaje y la edición hagan el “truco”: lo que vemos como una pelea violenta muchas veces es una combinación de tomas cuidadosamente seleccionadas, cortes, sonidos añadidos, ángulos que sugieren más de lo que muestran. - Sedantes controlados
Para cuando era necesario que un perro pareciera muerto, se usaron sedantes bajo control, supervisados en condiciones legales, para simular inmovilidad sin poner en riesgo al animal. - Juego de los perros
En muchas escenas, lo que parece pelea es en realidad perros jugando. Aprovechando esos momentos naturales y dirigiéndolos con entrenamiento, cuidado, dirección, iluminación y cámara, la producción logró transmitir una crudeza que en realidad dependía del comportamiento natural de los perros.
Amores Perros se estrenó hace ya más de dos décadas, pero sigue dando de qué hablar. No solo por su narrativa en mosaico o el estilo crudo de Iñárritu, sino por cómo cada elemento (incluidos los perros) se cuidó hasta en los detalles más incómodos.
En una época en que los efectos digitales, los estándares internacionales y la conciencia animal han crecido mucho, ya no es novedad obligar a tener un animalista en el set, ni registrar protocolos, ni que la producción tenga seguros, veterinarios, etc. Pero en 2000, la película tuvo que abrir camino: mostrar lo que nunca antes se había visto en el cine mexicano, sin romper la legalidad ni la integridad de los seres vivos.
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