Un debate ético se encendió en el mundo del séptimo arte.
La semana pasada, más de 4 mil profesionales del cine, incluyendo actores, directores, guionistas y trabajadores de festivales, firmaron un manifiesto con el que protestaron en contra del gobierno israelí. El acto, promovido por el grupo Film Workers for Palestine, llamó a boicotear instituciones cinematográficas israelíes que “apoyen” o sean cómplices de los genocidios de Gaza, ocasionados por parte del mandato de Israel.
Lejos de ser un gesto aislado, el acuerdo ya comenzó a generar discusiones intensas dentro y fuera de la industria audiovisual. Preguntas y críticas surgieron alrededor del mundo, cuestionando la responsabilidad institucional y los límites del compromiso que hay entre el cine y el contexto sociopolítico actual.
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¿Qué dijo Israel?
Poco tiempo después del posicionamiento de Hollywood, artistas de la escena cinematográfica israelí respondieron ante la noticia. Por una parte, el gremio de guionistas de Israel, compuesto por más de mil 800 cineastas, declaró que el acto solo “profundizará la oscuridad” del conflicto sociopolítico. Y la Asociación de Productores de Israel habló en contra de ello, señalando que “los firmantes de esta petición se dirigen a las personas equivocadas”, y su acto es “profundamente erróneo”.
“Durante décadas, los artistas, narradores y creadores israelíes hemos sido las principales voces que han permitido al público escuchar y presenciar la complejidad del conflicto, incluyendo las narrativas palestinas y las críticas a las políticas estatales israelíes. Trabajamos con creadores palestinos, contando nuestras historias compartidas y promoviendo la paz y el fin de la violencia a través de miles de películas, series de televisión y documentales. Este llamado al boicot es profundamente erróneo”, expresó la Asociación de Productores de Israel.
Según sus declaraciones, más allá de encontrar una respuesta ante las decisiones del gobierno de Israel, el acuerdo de Film Workers for Palestine es un ataque a su trabajo, con el que creadores “damos voz a diversas narrativas y fomentamos el diálogo”.
“Estos firmantes están socavando su propia causa e intentando silenciarnos. Este acto miope busca eliminar precisamente los esfuerzos colaborativos que trabajan para poner fin a la violencia y lograr la paz. No lo permitiremos y frenaremos nuestros esfuerzos por poner fin a la violencia y lograr una paz justa en nuestra región para el beneficio de todos”, concluyeron.
Los primeros daños del acuerdo
Un extenso reporte de Variety señaló cómo es que, con tan solo un par de días en el foco público, la decisión de artistas como Emma Stone, Javier Bardem, Mark Ruffalo y más, podría ser un gran golpe para las voces artísticas del espectro internacional.
“Los festivales y los fondos se enfrentan a presiones políticas, pero han mantenido una impresionante independencia creativa y han seguido apoyando obras críticas con el establishment”, dijo Eliran Elya, cineasta israelí que preside el Sindicato de Directores de Israel.
Por su parte, el Fondo Cinematográfico de Israel, mismo que, aunque opera con el financiamiento del gobierno, opera libremente y sin censura, señaló que, con su compromiso, el cine israelí y palestino tendría un severo golpe en su producción y consumo. Películas como The Sea, de Shai Carmeli-Pollak, la cual se presenta esta semana para la carrera internacional de largometrajes de los Óscar, podrían verse afectadas ante su consideración y visualización global.
Una de las críticas principales al boicot es que puede afectar a creadores israelíes independientes o críticos del gobierno, cuyas obras precisamente intentan ofrecer una visión alternativa de la realidad. Algunos temen que romper vínculos institucionales limite el acceso a esas narrativas y reduzca los espacios de colaboración artística internacional.
Una situación de la índole sucedió en el Festival de Cine de Jerusalén. El encuentro cinematográfico se vió amenazado directamente por incluir Yes, película israelí, entre su programación, pero aun así se proyectó:
“Unos días antes de la proyección, los organizadores del festival de Jerusalén recibieron una carta de dos ministros que exigían su retirada de la cartelera, alegando que se burlaba, despreciaba o no respetaba el patriotismo y el heroísmo israelíes; todo un disparate. El festival de Jerusalén podría haber retirado mi película en ese momento y culpar a los políticos, pero se arriesgaron, sabiendo que también podría llevar al cierre del festival”, expresó Nadav Lapid, directora de Yes, al medio.
Un debate que trasciende la pantalla
El llamado al boicot generó reacciones encontradas, pero también reactivó una conversación necesaria: ¿cuál es el papel del arte en tiempos de guerra? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad ética de los creadores? ¿Qué implica colaborar con una institución que no se pronuncia ante una crisis humanitaria?
En un mundo cada vez más interconectado, y al mismo tiempo, más polarizado, los artistas están replanteando su lugar no solo como narradores, sino también como agentes sociales. Y aunque las respuestas no son sencillas, el cine vuelve a ocupar un lugar central en los grandes dilemas contemporáneos.
Por ahora, Film Workers for Palestine marcó una posición clara, y el impacto de su llamado seguirá siendo tema de discusión en festivales, foros culturales y salas de cine alrededor del mundo. Recientemente, Javier Bardem se posicionó en contra de las empresas genocidas en los Emmy 2025:
“No puedo trabajar con alguien que justifica o apoya el genocidio. No puedo. Es así de simple. No deberíamos poder hacer eso, en esta industria”, dijo, mientras portó un pañuelo con los colores de la bandera de Palestina.
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