El sueño de llevar cine para todos se hizo realidad.
El Festival Internacional de Cine de Toronto (mayormente conocido como TIFF) es uno de los eventos de cine más importantes y respetados del mundo. Cada septiembre, la ciudad de Toronto se transforma en el punto de reunión para grandes estrellas de Hollywood, directores de renombre y miles de amantes del cine. Durante varios días, los estrenos más importantes del año son proyectados, y para los fans, es un punto de partida de cara a sus predicciones para el Oscar. Si eres fan de este tipo de eventos, te contamos la historia del TIFF, y cómo pasó de ser un proyecto ambicioso a todo un referente.
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Un sueño que lo cambió todo
Su desarrollo comienza en un Toronto muy diferente, en la década de 1970. Durante esos años, el festival de cine más importante en Norteamérica era el de Nueva York, pero un grupo de visionarios en Toronto pensó que su ciudad merecía algo propio, un evento que celebrara el cine mundial y lo acercara al público canadiense.
Tres nombres clave en el surgimiento del TIFF son William Marshall (cineasta y productor), Henk Van der Kolk (productor) y Dusty Cohl (publicista). En vez de centrarse en la industria y en los acuerdos de negocios, como otros festivales, ellos querían que su evento fuera “un festival para la gente”. La idea era que el público fuera el verdadero protagonista, pudiera ver películas de todo el mundo y se sintiera parte de la experiencia.
Así, en 1976, nació el Festival de Festivales de Toronto. El nombre reflejaba su concepto original: una muestra de lo mejor de otros festivales de cine importantes, como Cannes y Venecia. El evento inaugural se llevó a cabo en varios cines del centro de Toronto y presentó 127 películas de 30 países diferentes. Aunque no fue tan masivo como los festivales actuales, se convirtió en un éxito y demostró que había un gran interés por el cine de calidad en la ciudad.
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¿Qué hizo tan especial al TIFF?
A diferencia de otros festivales más exclusivos, en el de Toronto se vendían entradas al público en general para casi todas las proyecciones. En sus primeros años, el festival era relativamente pequeño y manejable. No había una sede central; las películas se proyectaban en diferentes salas de cine y teatros de la ciudad. Sin embargo, su reputación fue creciendo rápidamente, atrayendo a más y más cineastas, distribuidores y, por supuesto, amantes del cine.
En 1994, el festival se rebautizó como el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), lo que le dio una identidad más sólida y lo posicionó como un evento de talla mundial. Este cambio no fue solo superficial. A medida que el festival crecía, también lo hacía su influencia en la industria. Los distribuidores de películas de Hollywood y de otros países comenzaron a ver el TIFF como el lugar ideal para estrenar sus películas. La razón era sencilla: la respuesta del público en Toronto era un termómetro muy preciso de cómo le iría a una película en la taquilla y durante la temporada de premios.
A finales de la década de 1990 y principios de los 2000, el TIFF consolidó su reputación como un importante “trampolín” hacia los Premios de la Academia. Esto se debe a que el festival no tiene un jurado oficial y, en vez de eso, su galardón más prestigioso es el Premio del público, decidido por la gente que asiste a las proyecciones. De hecho, en varias ocasiones, la cinta que recibió esa mención terminó con el Oscar a Mejor película.
Ejemplos de esto último son Belleza americana, Quisiera ser millonario, El discurso del rey, 12 años esclavo, Green Book y Nomadland. El hecho de que la gente, y no un grupo selecto de críticos o expertos, elija la película ganadora, le da un peso especial. Además, la convierte en una candidata muy fuerte para los premios de la industria.
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Cine, fiesta y un evento cada vez más esperado
A medida que el festival crecía en tamaño e importancia, se hizo evidente que necesitaba una sede permanente. Durante muchos años, el festival operaba desde oficinas temporales y sus proyecciones se llevaban a cabo en diferentes cines del centro de Toronto, creando un ambiente de “festival por toda la ciudad”. Pero en 2010, este sueño se hizo realidad con la inauguración del TIFF Bell Lightbox, un edificio de cinco pisos diseñado específicamente para ser la casa del festival.
Este es un centro cultural que funciona todo el año. Cuenta con cinco salas de cine, un archivo fílmico, galerías de arte, una tienda y un restaurante. Se ha convertido en un punto de referencia en la vida cultural de Toronto y un lugar donde la gente puede ver películas de arte, documentales y cine independiente durante todo el año.
Actualmente, el Festival Internacional de Cine de Toronto es un evento de diez días que atrae a cientos de miles de personas. No es solo un lugar para ver películas. Es un evento masivo que transforma el centro de Toronto en una fiesta del cine. Las calles se llenan de celebridades, alfombras rojas y entusiastas del cine. El festival ha sabido combinar su enfoque en el público y el gran potencial de la industria.
Además de las proyecciones, el TIFF ofrece conferencias, mesas redondas y talleres para cineastas y el público. El programa TIFF Industry, por ejemplo, es un espacio para que los profesionales del cine hagan negocios, compren y vendan películas, y establezcan contactos. Al mismo tiempo, el TIFF Talks, que son conversaciones con directores y actores famosos, permite al público acercarse a sus ídolos y entender mejor el proceso de creación cinematográfica.
Este 2025, el TIFF se llevará a cabo del 4 al 13 de septiembre. Títulos como Eleanor the Great, Sentimental Value, Hamnet y Frankenstein son sólo algunos de los que prometen deslumbrar a la audiencia.
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