Ahora muchos fans comparten el mismo sueño: que el director les prepare un taco de aguacate
Si algo tenemos claro, especialmente tras su paso por Sundance, es que Guillermo del Toro no solo es un maestro del cine. Gracias a su carisma y buen sentido del humor, también se ha convertido en el “tío favorito” que todos querríamos tener en una fiesta. Mientras el mundo entero está a sus pies gracias a las nueve nominaciones que tiene Frankenstein en el Oscar, Guillermo del Toro demostró, con todo y mariachi, que nunca olvida de dónde viene ni cómo se disfruta una buena reunión.
Oficialmente, Guillermo aterrizó en las montañas de Utah para celebrar un círculo que se cierra. El aclamado festival organizó una proyección especial en 4K de Cronos, su ópera prima de 1993, y la cual se llevará a cabo este 27 de enero. Verlo ahí, frente a una audiencia que lo adora, promete ser un momento de nostalgia pura. Del Toro también aprovechará para un Q&A donde promete hablar de sus icónicos monstruos y su legendaria carrera.
Aunque su paso por la proyección de Cronos es muy esperada, fueron sus actividades posteriores las que llamaron la atención de sus fans. Durante una fiesta privada organizada en su honor, Guillermo del Toro decidió que el catering no era suficiente y se metió hasta la cocina.
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Volviendo a los orígenes
Guillermo del Toro making tortillas at #SundanceFilmFestival pic.twitter.com/zH7MgZyvZF
— Deadline (@DEADLINE) January 27, 2026
En videos que ya le dieron la vuelta al mundo, se le ve haciendo tortillas a mano con una habilidad envidiable y preparando tacos de aguacate para invitados de la talla de Elijah Wood y los directores de Todo en todas partes al mismo tiempo (The Daniels).
Lo mejor llegó cuando apareció el mariachi. Lejos de quedarse sentado, Del Toro se lanzó a un “palomazo” épico. Con una mano en el pecho interpretó clásicos como Ella, de José Alfredo Jiménez y, por supuesto, México lindo y querido. Ver a uno de los directores más importantes de la historia moderna cantando a todo pulmón —y con una afinación nada despreciable— fue el recordatorio perfecto de que el arte y la diversión también van de la mano.
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Por supuesto, los comentarios en redes sociales fueron muy positivos. Destacaron su habilidad para el canto, la sencillez de cocinarle a sus colegas e invitados, y lo mucho que demuestra su amor por los elementos mexicanos cada que puede.
Cabe destacar que el mexicano ganador del Oscar tiene una relación especial con Sundance. En 1994 no era un gigante de la industria (como lo es hoy), sino un joven entusiasta de Guadalajara que llegaba a las montañas de Utah con una película extraña (Cronos), un presupuesto que lo dejó casi en la quiebra y un insecto mecánico de oro en la maleta.
Guillermo ha contado varias veces que ese estreno fue “el momento en que el mundo dejó de ser pequeño”. Para él, Sundance no fue solo un festival, sino la validación de que sus “monstruos” tenían un lenguaje universal. Fue allí donde la crítica estadounidense puso los ojos en él, permitiéndole dar el salto a Hollywood, aunque siempre manteniendo su esencia oscura y fantástica.
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