Profundos y entrañables.
Esta cinta dirigida por Hayao Miyazaki y estrenada en 1997, es una obra maestra del Studio Ghibli que revolucionó la animación japonesa. Además de su impresionante narrativa, La princesa Mononoke se distingue por sus personajes complejos y memorables que exploran el equilibrio entre la naturaleza, la humanidad y el progreso.
Tabla de contenidos
Ashitaka: el héroe condenado
Ashitaka es el joven príncipe de la tribu Emishi que inicia un viaje para buscar la cura a una maldición provocada por un dios jabalí corrompido.
Su carácter noble, su valentía y su capacidad de empatía lo convierten en uno de los protagonistas más admirados del anime. Ashitaka es un puente entre dos mundos: el de los humanos y el de los espíritus, lo que lo lleva a cuestionar el odio y buscar soluciones pacíficas.
San, la princesa Mononoke
San, conocida como La princesa Mononoke, es uno de los personajes más icónicos del Studio Ghibli. Criada por Moro, la diosa loba, San representa la furia de la naturaleza frente a la ambición humana.
Su relación con Ashitaka le permite comprender que el rencor no es el camino, y que coexistir es posible. San es valiente, feroz y al mismo tiempo vulnerable, lo que la convierte en un símbolo de resistencia y amor por el mundo natural.
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Lady Eboshi: la líder de Tatara
Lady Eboshi es la compleja antagonista de la historia. Como líder de la aldea industrial Tatara, busca el progreso y bienestar de su gente, incluso si eso significa destruir el bosque.
Aunque puede parecer fría, Eboshi también muestra compasión al ayudar a leprosos y dar trabajo a mujeres marginadas. Este dualismo hace de Lady Eboshi uno de los personajes más fascinantes de La princesa Mononoke.
Moro, la diosa loba
Moro es una diosa loba sabia y protectora, madre adoptiva de San. Con su mirada imponente y su voz llena de autoridad, simboliza la fuerza de la naturaleza ancestral.
A pesar de su desconfianza hacia los humanos, Moro demuestra amor y lealtad hacia su hija y el bosque, dejando uno de los mensajes más poderosos de la película: la naturaleza es implacable, pero también protectora.
Jiko-bō y los aldeanos
Aunque no son protagonistas, personajes como Jiko-bō, el monje viajero, y los aldeanos de Tatara aportan capas de realismo a la historia. Representan a la humanidad en busca de sobrevivir, a veces con ingenuidad, otras con codicia, pero siempre con un toque humano que enriquece la narrativa.
Los dioses animales y el Espíritu del Bosque
El Espíritu del Bosque, también llamado Shishigami, es el centro de equilibrio entre la vida y la muerte. Su presencia imponente y silenciosa lo convierte en uno de los personajes más místicos del cine de animación.
A su lado, dioses animales como Okkoto, el dios jabalí, muestran el sufrimiento de la naturaleza ante la ambición humana, agregando un tono trágico y épico a la trama.
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