Una exploración conmovedora y alegre de la vida de un ícono musical
Cada vez es más común que, cuando se hacen películas biográficas de celebridades, las personas involucradas en la producción de estas tomen la decisión de enfocarse en los aspectos positivos o buenos de los sujetos que retratan. Michael continúa la tendencia, dándole al público una bienvenida celebración del ícono musical que recorre su vida con un tono en general alegre, enfocándose en cómo su talento cambió la historia de la música pop para siempre.
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En los reflectores
Vamos, que la cinta se adhiere a la fórmula que ha dominado en el subgénero de la biopic durante años, pero lo hace con emoción de sobra y maestría técnica, sobre todo para asegurarse de que las ventajas de la sala oscura y la pantalla grande sean aprovechadas.
Todo comienza con la historia de la familia Jackson, cuando ensayaban y daban presentaciones en Gary, Indiana, en los 60. Desde las primeras escenas, se vuelve evidente que lo que veremos en su mayoría serán montajes pensados para destacar que, aún en medio de la presión, exigencias y abusos de su padre, Joe Jackson, lo que impulsaba a los hermanos, en especial a Michael, era que las personas que los rodeaban se dieran cuenta de que tenían algo especial para ofrecerle al mundo.
La excelencia, en etapas
Esa base narrativa es la que compone la mayoría de la duración de la película. Llega un punto en el que el protagonista decide separarse de sus hermanos para lanzar un álbum en solitario. ¿Cómo logra independizarse? Porque su guardaespaldas, Bill Bray (KeiLyn Durrell Jones), su madre, Katherine (Nia Long) y sus fans, lo inspiraron.
Sus videos llegaron a la cima de la popularidad y las reproducciones en MTV. ¿Por qué? Porque su representante legal, John Branca (Miles Teller), insistió en que esto sucediera, sin aceptar un no como respuesta.
El metraje deja claro que esto fue así por lo menos hasta finales de los 80, cuando Jackson lanzó su álbum “Bad”. Sin temor a equivocarse, se puede decir que el principal acierto del guion escrito por John Logan es ese: que aprovecha cada oportunidad que tiene para hacer hincapié en que el legado del Rey del Pop no se construyó sólo y siempre tuvo a alguien a su lado. Esto, además, permite que la cinta se convierta en una estimulante pieza de ensamble.
Claro, lo que también logra el director, Antoine Fuqua, es hacer de Jackson un personaje con agencia, que con el tiempo pudo tomar su propio camino. Con elegancia en la edición, las canciones de cada era del cantante se insertan en lo que se cuenta, ¡y además con nuevos arreglos! Por lo anterior, el conjunto no se siente como una simple mezcla de videoclips, sino como una enorme y dinámica línea del tiempo que fluye con gran ritmo.
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Por otro lado, con ese mismo dinamismo se logra algo que los seguidores de Jackson apreciarán bastante, y eso es el hecho de que, de manera ágil e inesperada, el filme a ratos se convierte en una especie de “detrás de cámaras” de los momentos más icónicos de MJ. De pronto estamos en reuniones familiares en las que se discute de manera abrumadora el futuro musical de los Jackson y, al segundo siguiente, nos encontramos con fragmentos efervescentes y coloridos que nos llevan a los días exactos en que se grabaron éxitos como “Don’t Stop Til’ You Get Enough”, “Thriller”, o la cereza en el pastel, “Beat It” –con todo y escenas ambientadas en la filmación de ese videoclip en el que Michael porta la icónica chamarra roja–.
Otro aspecto interesante de esa dramatización es su capacidad para convertir momentos turbulentos en piezas más que interesantes que funcionan como pequeñas películas y que juegan con elementos propios del feel-good o el suspenso.
En el primer caso, cuando se muestra el ascenso en la popularidad en las canciones de los primeros discos. En el segundo, cuando, durante la última noche de la gira Victory en 1984, Michael –en un acto de desafío hacia su padre– anuncia que los Jackson 5 ya no serán un grupo y que esa es su despedida, todo con “Workin’ Day And Night” de fondo, como si fuera una protesta por las décadas de explotación.
El compromiso que Fuqua tiene con hacer de estos puntos algo verdaderamente inolvidable es notorio, y las secuencias adquieren mucho peso emocional cuando se experimentan en la pantalla más grande posible.
Aunque, si la película merece ser recordada, es por el lucimiento del debutante Jaafar Jackson (sobrino de Michael) como el personaje del título y el excelente trabajo antagónico de Colman Domingo como Joe. Presenciar su transformación es conmovedor y gratificante. Cuando Jaafar es carisma y electricidad, Colman es maldad que nos hace querer apartar la mirada. Sin ellos, las proezas en el apartado técnico serían lo suficientemente fuertes, pero no merecedoras de aplausos. Su participación marca toda la diferencia en este homenaje imperdible.
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KARINA SANCHEZ
Increíble película, cada actor fue elegido a la perfección e interpretaron su papel de una manera perfecta. Sin duda merecen un Oscar. Una película que te llena de nostalgia y muestra lo increíble que era Michael como artista pero también como persona.
GABRIELA OROZCO B.
MUY CIERTO !! RECORDÓ MIS AÑOS DE NIÑEZ, CUANDO MIS PADRES ME COMPRARON UN L.P. DE ÉL.