A pesar de la polémica, cumplir con lo que pide la Academia es más fácil de lo que parece
El cine siempre ha sido un espejo de nuestra sociedad. Sin embargo, durante décadas, ese espejo mostró una imagen distorsionada donde las historias de ciertos grupos brillaban por su ausencia, mientras que otras voces se repetían.
En los últimos años, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMPAS) decidió tomar cartas en el asunto para que la premiación más importante del mundo del cine empezara a reflejar la realidad del mundo actual. Fue así como nacieron los famosos estándares de inclusión y diversidad para la categoría de Mejor película.
Por supuesto, su existencia ha provocado grandes debates, pero, ¿qué significan realmente y cómo “afectan” a las películas?
Tabla de contenidos
El origen de un cambio necesario
Durante mucho tiempo, la Academia fue criticada por ser un club cerrado, dominado por una demografía muy específica que rara vez reconocía el talento de mujeres, cineastas de color, personas LGBTQ+ o personas con discapacidades.
El movimiento #OscarsSoWhite, que estalló hace casi una década, fue el punto de quiebre. La presión pública no solo pedía diversidad en los ganadores, sino también en las personas que votan y en la forma en que se hacen las películas. La Academia entendió que, para mantener su relevancia en un siglo XXI globalizado, no podía seguir ignorando a una gran parte de su audiencia.
¿En qué consisten los estándares?
Los estándares, que comenzaron a aplicarse formalmente a partir de la 96.ª edición de los Oscar en 2024, no buscan censurar el arte ni dictar qué deben escribir los guionistas. En realidad, son una invitación a abrir las puertas de una industria que históricamente ha sido difícil.
La regla es clara: para ser elegible en la categoría de Mejor película, una cinta debe cumplir con al menos dos de los cuatro estándares establecidos. Estos estándares no son un examen sobre la calidad de una película, sino la verificación de prácticas laborales más justas y representación más honesta.
Los pilares de la inclusión
Estándar A: en pantalla
- Uno de los actores principales o de reparto importantes pertenece a un grupo racial o étnico subrepresentado.
- Al menos el 30 % de los actores en papeles secundarios pertenecen a al menos dos grupos subrepresentados, entre ellos: mujeres, grupos raciales o étnicos, personas LGBTQ+ y personas con discapacidad.
- La trama principal, el tema o la narrativa de la película se centra en al menos uno de los cuatro grupos subrepresentados mencionados.
Estándar B: liderazgo creativo y equipo del proyecto (debe completar uno)
- Al menos dos de los siguientes puestos —Director de casting, Director de fotografía, Compositor, Diseñador de vestuario, Director, Editor, Peluquero, Maquillador, Productor, Diseñador de producción, Decorador de escenarios, Técnico de sonido, Supervisor de efectos visuales, Guionista— deben pertenecer a uno de los cuatro grupos subrepresentados, y al menos uno debe pertenecer a un grupo racial o étnico subrepresentado.
- Al menos seis miembros del equipo (excluyendo asistentes de producción) deben pertenecer a un grupo racial o étnico subrepresentado.
- Al menos el 30% del equipo de la película pertenece a uno de los cuatro grupos subrepresentados.
Estándar C: acceso y oportunidades en la industria (debe completarse uno)
- La película cuenta con al menos dos aprendices/becarios de uno de los cuatro grupos subrepresentados ((incluido uno de un grupo racial o étnico subrepresentado).
- La productora, distribuidora o financiera de la película ofrece oportunidades de capacitación/trabajo a personas de uno de los cuatro grupos subrepresentados.
Estándar D: desarrollo de audiencia
- El estudio o la productora cuenta con al menos dos ejecutivos sénior internos en sus equipos creativos y de desarrollo, marketing, publicidad y/o distribución, pertenecientes a uno de los cuatro grupos subrepresentados, y al menos uno de un grupo racial o étnico subrepresentado.
¿Es tan difícil cumplir con las reglas de inclusión y diversidad de los Oscar?
Cuando se anunciaron, muchos críticos argumentaron que esto era una “burocratización” del cine. Recientemente, la controversia revivió tras revelarse la participación de Lupita Nyong’o y Elliot Page en La odisea, de Christopher Nolan.
Algunos consideraron que su elección para estar en la película era solo una forma de calificar rumbo al Oscar, por lo que la redes se llenaron de todo tipo de comentarios. Sin embargo, Variety analizó años de historia de los premios y llegó a una conclusión fascinante: casi todas las películas nominadas en la historia de los Oscar, incluso las de hace décadas, habrían cumplido estos estándares sin siquiera saber que existían.
Hasta Oppenheimer (también de Nolan), con un elenco predominantemente blanco y masculino, calificaba en la contienda. Esto nos revela una verdad importante: las reglas no están diseñadas para dejar fuera a las películas. Son necesarias para formalizar prácticas que ya ocurren en muchas producciones de alta calidad.
La Academia no intenta cambiar el cine de la noche a la mañana, sino asegurar que la evolución se convierta en la norma. Como bien demostró Variety, si ya estábamos haciendo las cosas bien, no hay nada que temer.
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