El aclamado actor se pone tras las cámaras de una historia que merece ser contada
¿Qué motiva a un periodista para seguir adelante? Esa fue la pregunta que inspiró a Daniel Giménez Cacho para crear Juana, su primera película como director. La pregunta gana aún más peso si consideramos la violencia a la que se enfrenta dicho gremio, y que la trama de este título se perfila como una de esas que no solo se ven, sino que se sienten y quedan.
A continuación, te presentamos las razones por las que no puedes perderte su estreno.
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Una historia que duele, pero importa
Juana, de 45 años, es una periodista solitaria que lidia con su monótona existencia trabajando en el periódico Siglo XXI y visitando a su madre senil. Durante más de una década, Juana ha dominado el arte de enterrar sus traumas, pero un nombre la trae de vuelta: Pedro Núñez. Este es un político corrupto, y el principal sospechoso de los asesinatos de Armando (su novio), y Joaquín (su colega).
Esta no es una película que busca caer bien. Desde sus primeros momentos se instala en un terreno incómodo: el de la violencia, el silencio y las estructuras que permiten que ciertas historias se repitan. Por suerte, no lo hace desde el morbo o la exageración, sino desde lo cotidiano.
Juana está en muchas personas
La protagonista no está construida como una heroína clásica. No tiene respuestas para todo ni actúa desde la seguridad. Al contrario, es un personaje lleno de dudas, de contradicciones y de silencio. Diana Sedano logra que haya algo muy humano en su forma de enfrentar lo que le ocurre: la conocemos no desde el coraje, sino desde la resistencia.
Es de esos personajes que no necesitan grandes discursos para transmitir lo que sienten, y que podemos reconocer en muchas personas cerca de nosotros.
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Daniel Giménez Cacho
El aclamado intérprete mexicano da el salto detrás de las cámaras con este drama, y vaya que toma decisiones muy importantes. Juana evita los excesos y se inclina por un tono más íntimo, más contenido. Eso se nota en la forma en que están construidas las escenas: hay tiempo para mirar, escuchar, y dejar que las emociones aparezcan sin subrayarlas de más. El tema es suficientemente doloroso, pero Giménez Cacho logra que lo entendamos de un modo elegante.
Actuaciones que sostienen todo
El elenco es uno de los grandes aciertos. Hay una sensación de verdad en las interpretaciones, lo cual permite que todo se sienta más cercano. En particular, la presencia de Margarita Sanz aporta una experiencia que se siente desde los primeros minutos.
No hay actuaciones estridentes o fuera de lugar, sino momentos llenos de arrojo, que entienden el tono de la película y se alinean con él. En el reparto también desfilan nombres como Arturo Ríos, Antonio Fortier, Nailea Norvind y Ángeles Cruz, todos muy bien dirigidos por Giménez Cacho.
Un retrato honesto… y que honra la memoria
La forma en que aborda el periodismo es uno de los puntos más fuertes en Juana. Aquí no hay romanticismo: investigar, preguntar y publicar implica riesgos reales, algo que se transmite sin necesidad de morbo.
Más allá de su trama, Juana es una reflexión sobre lo que significa recordar; sobre lo que implica no dejar ciertas historias perdidas en el tiempo. Sin decirlo de forma directa, el guion de Emma Bertrán construye un discurso donde la memoria funciona como una forma de resistencia. Y eso conecta muy bien con su tono general: no es una historia de venganza, sino de algo más profundo.
Juana, la ópera prima de Daniel Giménez, Cacho, ya se encuentra disponible en salas de Cinépolis.
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