Una vez más… México mágico. ¿Qué harías si te perdieras en uno de estos lugares?
Cuando de surrealismo se trata, no hay ningún país que le gane a México. Nuestro día a día es tan mágico como bizarro, ¡así que por supuesto que contamos con nuestras versiones de los Backrooms! Pero como justamente estamos acostumbrados a todo, hasta entramos a estos cuartos con curiosidad, cómo no. Aquí, no hay explicaciones lógicas, sólo traumas de los que después nos reiremos. Así somos, así somos.
Si los Backrooms fueran mexas, estos serían los más famosos.
@cinepolismx ¿Quién dijo que en #México no teníamos #Backrooms? 👀😱 ¡Y estos son solo algunos de los más temibles! ¿Añadirías otro a la lista? 🫠😈 #cine #cinépolis #pelis #películas #laberintos #backroom #mexa #creepypasta #fyp #movies #palomaynacho ♬ original sound – Cinépolis Online
Tabla de contenidos
Los pasillos del Centro Médico Siglo XXI
Hacer no-clip aquí sería toda una experiencia. Imagínate que estás buscando la heroica torre de especialidades y quedas atrapado en una dimensión donde el aire huele a cloro mezclado con sándwich de cafetería. Aunque, bueno, de esperar dos meses por una cita y que te den dos paracetamoles a vagar sin rumbo y en trance por el zumbido de las lámparas, preferimos la segunda. Una enfermera poseída no sería nada comparada con una entidad que te diga: “Tu carnet no está vigente”.
La central de abasto
Es de noche y, además del zumbido (en estos lugares siempre hay lámparas que zumban), escuchas: “¡Pásele, marchante, a 10 el kilo!” ¿El problema? Que te fuiste en la tarde… o quizás sólo lo crees y en realidad, después de comerte unos taquitos de chicharrón mientras esperabas los jitomates con los que ibas a prepararte tu lunch godín, te transportaste a un lugar de bodegas infinitas. La central nunca duerme, y tú tampoco lo harás.
Las tiendas de telas
Admítelo: cuando tus papás entraban a estos engañosos edificios (porque en apariencia son muy bonitos, pero en realidad son trampas malignas), a ti no te importaba si iban a buscar una tela de color idéntico al de la muestra toda arrugada que llevaban, o si les desenredaban por varios aburridos minutos un rollo que al final no se iban a llevar. Lo que tú querías era irte, porque, aunque había mucho color, algo te decía que esos mosaicos viejos y amarillentos escondían algo.
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Probadores de ropa
@maye.leclerc Traumitas💀 #lasustancia #thesubstance #thesubstancemovie #horror #bodyfake ♬ The Substance – Raffertie
Estás haciendo malabares intentando que te quede una playera que claramente no es de tu talla, pero la necedad te gana. En lo que tú estás en el: “Sólo hace falta otro empujoncito”, de pronto notas que las paredes son del mismo color y que no hay salida. Tienes que aceptar que es más probable que te encuentre una entidad o que te transportes a otra dimensión, pero esa ropa no está destinada a irse contigo. Déjala ir.
(Por cierto, este probador también se parece a los baños de La sustancia, ¿no?)
Biblioteca Vasconcelos
Sí, sí, ya te vimos, fingiendo que vas a leer cuando en realidad nada más estás buscando un lugar coquetón y aesthetic para llevar a tu crush a pasar el rato. Vas, pero ten cuidado, porque la estructura futurista de este icónico lugar te puede hipnotizar hasta hacer que te pierdas y aparezcas en un cuarto secreto rodeado de novelas históricas. De pronto, la planeación de salidita romántica se convierte en una carrera contra el tiempo para escapar del entorno impactante, pero aterrador.
Las estaciones del metro
Si piensas que las fallas, los empujones, el olor a humanidad o incluso las personas quitadas de la pena que hacen todo un picnic en los vagones ya eran experiencias para poner a prueba tu paciencia, te falta quedarte varado en los pasillos de trasbordo a altas horas de la madrugada. Ya sea en Tacubaya o Camarones, de la línea 7, la vibra siempre es rara y, cuando están vacías, más, pues hace frío, no hay ruido más que el de tus pasos y parece que alguien te sigue. Nos da el soponcio nada más de escribirlo.
Cualquier tienda departamental en la madrugada
Ya sea que vayas a comprar ropa o comida, una cosa es segura, y es que en las tiendas muy grandes espantan. La tendencia a hacerlas enormes y, casi siempre, blancas es una tortura constante para quienes sufren de claustrofobia. Porque sí, puede que las ofertas sean buenísimas (y las probaditas de productos también), pero de que existe una alta probabilidad de que alguien te persiga a altas horas de la noche, existe, claro que sí. Mucho peor que el “Nada más voy por tal cosita” y salir con 500 compras innecesarias.
¿Conoces otros Backrooms mexicanos? Cuéntanos en los comentarios.
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