En medio del peor conflicto, los rostros del bien y del mal descubrieron tener más de un aspecto en común
Con guion y dirección de James Vanderbilt, llega a las pantallas de Cinépolis Nuremberg: El juicio del siglo. Dicho thriller, ambientado en 1945, presenta uno de los periodos más complejos en la historia reciente (los meses posteriores a la Segunda Guerra Mundial) y la forma en que diversas naciones intentaron encontrar la paz mundial. Desde los primeros minutos hasta su catártico final, Nuremberg: El juicio del siglo es una experiencia que vale la pena disfrutar en la pantalla grande. Si te perdiste con toda la información y personajes presentados, a continuación te contamos qué significa su demoledora conclusión.
Un proyecto en busca de paz
La historia inicia el 8 de mayo de 1945, un día después de la rendición de la Alemania nazi. Varias figuras clave en la película son introducidas rápidamente: Hermann Göring (Russell Crowe), que fue el número dos del régimen de Hitler y ahora está bajo custodia estadounidense, y Douglas Kelley (Rami Malek), un psiquiatra del ejército de EE. UU. enviado para evaluar la condición mental de los altos mandos capturados. Al mismo tiempo, el juez estadounidense Robert H. Jackson (Michael Shannon) aboga por crear un tribunal internacional que pueda juzgar a estos líderes. Vale la pena destacar que, hasta entonces, esto no tenía un precedente legal establecido.
Lejos de ser un título lleno de acción, este es un relato concentrado en los debates morales, éticos y legales alrededor de cómo castigar a quienes dirigieron un régimen genocida. La trama alterna la preparación del tribunal con las entrevistas de Kelley a los prisioneros en una prisión adaptada para este fin. Desde el principio, Kelley ve en estas entrevistas una oportunidad pública y profesional: planea escribir un libro que saque provecho de sus encuentros con los acusados para hacernos entender cómo mentes así llegaron a ver los crímenes de forma “natural”.
Cuando Kelley conoce a Göring, queda impactado de inmediato. Es un hombre inteligente, carismático y orgulloso. A primera vista parece encantador, casi un anfitrión en vez de un criminal, y esto desconcierta profundamente a Kelley. Göring intenta minimizar su papel en la guerra y desvía la responsabilidad a otros.
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¿Dos caras de una misma moneda?
A través de las charlas que comparten vemos cómo la lógica retorcida y las justificaciones egoístas pueden cambiar la mente de alguien que ha cometido maldades atroces. Nuremberg: El juicio del siglo pone especial atención en mostrar que la maldad no siempre es grotesca o evidente, sino que a veces está envuelta en un razonamiento casi común. Básicamente, no estamos frente a monstruos caricaturescos, sino frente a personas que, por decisión propia y egoísmo, destruyeron vidas.
Conforme avanza la película, la atención se desplaza más hacia el tribunal real. La audiencia ve testimonios, cuestionamientos y estrategias legales de parte de los fiscales contra los acusados. Göring, a pesar de sus intentos iniciales de evadir responsabilidad, es llevado al borde por el fiscal británico Maxwell Fyfe (Richard E. Grant), quien sabe cómo exponer las contradicciones en sus argumentos. Fyfe logra que Göring admita su lealtad ciega a Hitler, y su implicación en la estructura que llevó a cabo crímenes atroces.
El juicio concluye con el veredicto que esperaba el mundo: Göring y sus compañeros son declarados culpables de los cargos en su contra y condenados a pena de muerte por ahorcamiento. No obstante, justo antes de que su sentencia se cumpla, Göring se quita la vida ingiriendo una cápsula de cianuro que había ocultado (aunque debía permanecer bajo vigilancia).
Las ejecuciones de los demás condenados siguen según lo planeado, y en medio de esto se incluye una escena particularmente perturbadora en la que algunos reos optan por el suicidio antes de ser colgados. La historia de Kelley continúa fuera de la sala de juicio. Regresa a Estados Unidos con su libro, 22 Cells in Nuremberg, que en la vida real fue su intento de documentar lo aprendido.
¿Qué pasó con Douglas Kelley?
Curiosamente, el libro no tuvo éxito comercial. Kelley quedó marcado por las experiencias y reflexiones que le dejó su tiempo con los acusados. Pronto empieza a advertir sobre la posibilidad de que regímenes similares a los nazis puedan surgir de nuevo si la humanidad no aprende sus lecciones, una idea que lo persigue hasta el final de su vida, cuando también muere por suicidio.
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Sobre lo oscura que puede resultar la historia para algunos espectadores, y cómo el final de Nuremberg debe ser interpretado, esto dijo James Vanderbilt a Creative Screenwriting.
“Tengo esperanza, aunque cuente con algo de oscuridad. Hay esperanza en contar la historia porque fue un momento en el que muchas personas de distintos países se unieron para elegir la justicia por encima de la venganza. Cuando comencé a escribirla hace 13 años, sentí que era oportuna. Sin duda, creo que lo es ahora. Y creo que, por desgracia, lo será en el futuro. Esta película no es simplemente un recuento de hechos históricos; es una exploración de la condición humana, la búsqueda de la justicia y los dilemas morales inherentes a la lucha contra el mal”.
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